jueves, 4 de septiembre de 2014

El Gremio de las Samaritanas del Amor.


Venus de Urbino,Tiziano (1538) 

La ciudad de Valencia, ha sido celebre por muchas cosas a lo largo del tiempo, pero quizás, lo que no sabe el callejero que recorres unas calles, en concreto las de Salvador Giner, Alta, Ripalda y Guillem de Castro, es que en un pasado estaba ubicado en esa zona el Gremio de las Samaritanas del Amor – para llamar de una forma delicada – Al gran burdel de la ciudad y uno de los más grandes de la historia. Durante tres siglos y medio (1325 - 1671) esa zona de la ciudad era una especie de Sodoma y Gomorra, donde las casas eran las prostitutas. En el “poblat de fembres pecadrius” – como se conocía popularmente – solo podían entrar los hombres mayores de edad, que no fueran moros ni judíos.


Todo comenzó cuando el rey Jaime II, el Justo, mandó poner la mancebía afuera de las murallas, pero con la ampliación de la tapia defensiva en 1356, las prostitutas se quedaron dentro de la ciudad. Lo que hizo que el harén valenciano se conociera por todo el Mediterráneo del siglo XV, fue que las autoridades tenían contratados galenos que visitaban a las mujeres, para controlar las enfermedades venéreas.

En el siglo XVI, yacer una noche con una “dama del amor mercenario” en Valencia era algo imposible para algunos, porque tenían los precios más altos de todo el Reino de España. Ganaban tanto dinero que se vestían con las mejores sedas y eran la envidia de muchas mujeres nobles. Cuenta una leyenda,que el famoso Giacomo Casanova, visitó el lugar y comentó: “Nunca he visto una ciudad tan lasciva como la Valencia de los Borgia”.

A finales del siglo XVII se cerró el burdel de Valencia, y las ultimas prostitutas, fueron enviadas a la Casa de las repenides, En un convento, donde hoy se alza el Teatro Olympia de Valencia, en la calle San Vicente. Donde las siete prostitutas de la ciudad, tomaron los hábitos, y se hablaron de ellas como los siete ángeles.

Hoy en día de la mancebía de Valencia, no hay rastro, solo el recuerdo en la mente de algunos historiadores medievales. 

Y para algunas agencias turísticas que se dedican  a mostrar una ruta organizada, donde se leen textos eróticos antiguos de lujuria, perversión y pecado, mostrando una famosa gárgola de la Catedral de Valencia, cerca de la puerta románica, de una mujer enseñando los pechos y otra en la Lonja que muestra impúdicamente su sexo desnudo señalando al lugar donde se encontraba el barrio de los placeres impuros.






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