jueves, 20 de noviembre de 2014

El hacha del Verdugo - (La Valencia Negra # 2)

 “Nunca enterrador alguno conoció tan alto honor:
dar sepultura a quien era sepulturero mayor” – Joaquín Sabina.

( Recreación personal por photoshop  del verdugo de Valencia ) 

Algún que otro valenciano ha perdido la vida por algún delito, siendo ejecutado por un verdugo.  También es posible que por las calles que hoy en día recorras tú callejero, haya pasado el verdugo de Valencia.

El tener tal oficio, consistía en estar al servicio del Estado, de un dirigente religioso o social. Aplicando las penas dictadas en contra de ciertos prisioneros, ya fueran tortura, mutilación o incluso la muerte. En ocasiones debajo de la capucha del verdugo se hallaba el familiar de la víctima, el testigo del crimen, o alguna persona cogida al azar, o por castigo. E incluso alguien que tendría que tomar se ofició para de comer a su familia.

En algunos lugares los verdugos eran admirados y temidos gozando de privilegios: buenas pagas, un lugar destacado en la corte, un sitio reservado en los cementerios y la garantía de no ser castigados por delito alguno.  En cambio en otros lugares no podían convivir con las demás personas o tocar los alimentos de un mercado teniendo que señalarlos con una vara.

Ocupaban el último  lugar al entrar a una iglesia y debía pedir permiso para comer en un sitio público como una taberna, tenían que ir con su propia jarra de cerveza y podía dejar beber de ella a nadie. Al recibir dinero de un verdugo, las personas se santiguaban tres veces. Vivían fuera de las ciudades, además estaban desamparados por la ley, solamente podían entrar en la ciudad con un permiso especial y debía caminar tocando con una campana para avisar a las personas de su presencia de asesino autorizado.

Por estas razones muchos verdugos no soportaban esa vida dedicada a la muerte, por lo se refugiaban en el alcohol, sufrían depresiones o se suicidaban. Algunos lo llevan en secreto en sus hogares para no tener el rechazo social de la familia o amigos.
En nuestra ciudad frente a la puerta románica de la catedral, se situaba el patíbulo donde el verdugo valenciano ejecutaba a los prisioneros. Era un acontecimiento público donde acudía el pueblo a ver como se hacía Justicia.

A días de hoy el único vestigio que queda de la muertes acontecidas en el lugar, son una marcas longitudinales – mas o menos a la altura de las rodillas –  junto a la entrada a la catedral producidas por el verdugo a base de afilar el hacha siempre en el mismo punto, porque a escasos dos o tres metros de la puerta se encontraba el fatídico lugar de ejecución.



Hendiduras del hacha en la pared de la Catedral
(fotografía propia)

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