martes, 15 de mayo de 2018

En busca del Camino del Mar (3ª parte)



El refrescante puente del Mar.
- fotografía de J.Luis Vila Castañer - 

Callejero, es momento de que te levantes de los escalones de piedra donde estás sentado y retomar el Camino del Mar. Habíamos dejado la plaza de América y la avenida Navarro Reverter a nuestra espalda y nos encontramos con los escalones donde estábamos sentados, antes de subir por ellos,  es de curiosidad fijarnos en un detalle, tienen  forma ondulante que recuerda a las olas del mar, un guiño al tema marítimo.


Detalle de los ondulantes escalones.
Fotografía de Isabel Balensiya. 

Mientras atravesamos el puente vayamos conociendo su historia. Viajemos atrás en el tiempo, concrétamente a la Valencia de 1563, cuando Wijngaerde lo representa de madera, pues en su origen no era más que una palanca, una pasarela de madera – en ocasiones sin barandillas – no muy ancha, y cuya función tan solo era salvar el cauce del río a los valencianos y extranjeros que iban y venían al Grao. Por ser el único  puente que comunicaba el centro de la ciudad con los Poblados Marítimos  y el Puerto de Valencia. Este puente estaba extratégicamente ubicado en el plano de la ciudad, pues comunicaba el principio del Camino del Mar, que partía desde la Puerta del Mar, pasando por el Convento del Remedio – antes de Santa Ana - cruzaba el río y conducía a la otra orilla donde se encontraba el Convento de Sant Joan de la Ribera, junto al principio del Camino del Grao. 


Vista de Valencia de Wijngaerde
Este puente de madera fue rehecho en multitud de ocasiones pues, en cuanto llegaba una riada, esta se lo llevaba por delante, y se volvía a reconstruir. Según las Crónicas de la Ciudad la última pasarela de madera era de 1517.

Poco después llegó otra riada y destruyó el puentecito de madera, esta vez Valencia pensó que ya era momento de construir un puente de piedra, que aguantara las avenidas de agua, y así fue como en 1576 se construyó el puente de piedra… pero maliciosamente tan solo duró 13 años, pues en 1589 vino una fuerte riada y arrasó el puente. 

El primer puente de piedra, destrozado por la riada. Autor Antonio Cabanilles. 

De 1563 avanzamos  hasta 1592, cuando la Junta de Murs e Valls decide que es hora de construir un nuevo puente, más grande y sobretodo más robusto, que aguante fuertemente las riadas de Valencia… y así fue con una en especial, la más dura de todos los tiempos, que ocurría varios siglos después y haría que Valencia llorara barro, la riada de 1957.




El Puente del Mar, en la riada de 1897. 

La gran riada de 1957

La Junta de Murs e Valls estudió la orografía hidrográfica del lugar, en busca de otro posible lugar donde construirlo pero no encontró otro lugar tan idóneo, como el que ya estaba escogido desde antiguo, además de la ubicación de estos cenobios antes comentados. 


                       



El nuevo Puente del Mar sería una obra de cantería, formado por diez arcos ojivales rebajados con una luz de 15.50 metros cada uno, que descansarían sobre fuertes pilares rompeaguas. Tendría una longitud de 160 metros y 8.35 metros de ancho - Tema aparte, sabed que los puentes históricos fueron ensanchados en la década de los 60 para el tráfico rodado. Algo perceptible sí comparamos fotografías antiguas con actuales – Curiosamente el puente no cruza recto de lado a lado, sino suavemente oblicuo, esto se debe a los conventos que debía comunicar, confiriéndole ese diseño de rompeaguas sesgados para que el río discurriera sin impedimentos. 

Vista actual de los fuertes pilares rompeaguas.
Fotografía: Isabel Balensiya.

Fotografía donde se aprecia la desviación
del puente, en comparación con los otros.


El proyecto fue enviado a la Corte y el Rey Felipe II lo aprobó junto a la supervisión del arquitecto Juan de Herrera, famoso en la época por ser uno de los arquitectos que introdujo el Renacimiento en España. 


El proyecto se subastó y fue adjudicado al maestro de obras Pere Tacornal que trabajó junto al cantero Francisco Figueroa, quien construyó el nuevo puente con sillares de piedra labrada y en la parte recayente a la actual avenida de Navarro Reverte, tenía un malecón, una rampa de piedra con unos badenes para facilitar la subida y bajada de carros tirados por bueyes y caballos al cauce del río.



Ya acabado el puente se acordó engalanarlo con unos casalicios –  estructuras en forma de templete – y colocar en su interior La Creu del Pont del Mar  (de la que ya hablaremos en profundidad otro día) y sobre el tejado unas imágenes de San Vicente Ferrer y San Vicente Mártir acompañados de San Juan Bautista.



Pero, las fuerzas de la Naturaleza acometieron de nuevo contra el puente, 113 años después, en 1709 un rayó destrozó parcialmente el casalicio que fue reconstruido, en cambio la cruz fue cambiada por una imagen de la Virgen de los Desamparados, doce años después por el escultor Francisco Vergara, el mayor.


Los templetes en la actualidad.
Fotografía: Isabel Balensiya.

Placa de San Pascual Bailón. Fotografía: Isabel Balensiya
Tradución: El senado y el pueblo valenciano (SPQV), como por inundarse el puente viejo le rompía el Turia con frecuencia este ya de antes comenzado para mayor comodidad del transito de la ciudad al mar, lo concluyeron Jaime Sapena, jurado; Fray Bartolomé Serrano, Abad de Valldigna, vocal por el brazo eclesiástico; Cristóbal Pérez Almazan, jurado; Ambrosio Roca de la Serna, caballero vocal por el brazo militar; Gerónimo Zarzola; Luis Honorato Forés; Tomás Turrubio; Miguel Juan Chamos, jurados; Pedro Gregorio Calahorra, vocal por el brazo real; Marcos Ruiz de la Bracena, racional; Pedro Dassio, caballero síndico. Año 1596. 


                                    
Placa de Virgen de los Desamparados. Fotografía: Isabel Balensiya
Traducción: 
En 24 de octubre de 1776, reinando Carlos III Pio, Feliz, Augusto, padre de la patria, tuvo el Turia una inmensa avenida, y aglomerándose hacia el puente de la Zaidia los grandes maderos que arrastraba el río, obstruyeron el paso de las aguas, las que se desbordaron por la orilla izquierda, inundando el próximo arrabal llamado de Sagunto, y subiendo el agua mas de seis pies, con grande perdida de cosechas, casas y reses. No fue menor la avenida que ocurrió luego en 4 de noviembre, arrastrando el agua los mismos maderos que dejara poco antes en las calles, encrucijadas y caminos, los cuales fuertemente trabados entre si, y hacinados sobre este puente del mar impidieron el libre curso de las aguas que, estancadas y creciendo desmedidamente, abriéndose paso a través del mismo, arrastrando en su furiosa corriente e inmensa balamba cuatro pilares con los arcos, cornisa, templetes, chapiteles, sagradas estatuas de Ntra. Sra. y San Pascual Bailón y demás que colocados sobre el puente estaba. Los seis obreros de la fábrica muros, valladares, puentes, calzadas y caminos de la ciudad procuraron que a expensas públicas se reedificase y se restituyese a su primitiva forma. Habiéndolo terminado felizmente en el año 1782


Volvamos atrás de nuevo, concretamente a 1677, cuando se levantó un segundo casalicio con una imagen de San Pascual Bailón, pero una centuria después otra nueva riada deterioró ambos templetes. A consecuencia de esto la Fabrica Nova del Riu encargó al escultor Francisco Sanchis que restaurase la imagen de San Pascual y talló una nueva Virgen de los Desamparados, pues la antigua imagen había quedado muy dañada y fue donada al Colegio Imperial de los Niños huérfanos de San Vicente Ferrer, donde fue destruida del todo en la Guerra Civil de 1936. Las imágenes nuevas, obra de Francisco Sanchis, fueron recolocadas en su lugar en 1782.


Imagen de la Virgen destrozada en 1936

Vayamos un momento a los años 40 del siglo XX, acabada la Guerra Civil, cuando el escultor José Ortells, el encargado de esculpir una nueva imagen de San Pascual Bailón y Vicente Navarro de tallar una Virgen de los Desamparados en mármol, siendo estas las imágenes que hoy en día podemos contemplar.


Detalle de la imaginaria actual.
Fotografía: Isabel Balensiya.
                                   

Banco y bolas de piedra ornamentales.
Fotografía: Isabel Balensiya.
Regresemos de nuevo a finales del siglo XVIII, cuando empezaron a decorar el puente con unas balaustradas rematadas en bolas, y unos bancos para sentarse a contemplar el paso del rio… y del tiempo, que cuál río fue avanzando por el puente, y nos encontramos ya en el siglo XX, específicamente en junio de 1933, cuando se le encargó a Javier Goerlich convertir el puente a peatonal, evitando el paso de automóviles y tranvías, para ello diseñó las escalinatas onduladas que recuerdan a las olas del mar, formadas por 17 escalones cada una de ellas y dos pináculos con bancos que adornan los flancos del puente.  

El Puente del Mar en los años 20, con trafico rodado y tranvías. 

Paso de la linea "Interior - Grao"
                               
1933 escalinatas concluidas y puente peatonalizado. 

El proyecto fue factible por la construcción del cercano Puente de Aragón, con el que se pudo prolongar la Alameda y por el que se desvió el tráfico rodado y así recuperar la dignidad histórica del Puente del Mar, con un tratamiento de monumento, decorándolo con una grandiosa alberca circular bajo de sus pilares donde podemos rememorar como sería la imagen en el pasado de cuando fluía el Turia. 

Vista aérea de la alberca del puente. 

Ilusión del agua fluyendo bajo el puente.
Fotografía: J.Luis Vila Castañer.

Ahora, callejero aguarda debajo del inmenso pino que crece en las escaleras, junto a este pino piñonero, crece otro  de la variedad canaria, popularmente conocido porque de él, se obtenía una brea para impermeabilizar los cascos de las embarcaciones. 

Mientras almuerzas, anota los nuevos datos que has aprendido, descansa mientras comes algún snack o bocadillo del Ultramarinos de la Calle del Mar, que en poco tiempo recorreremos la avenida más larga de Valencia, cargada de historia y curiosidades que nos llevará al final de este Camino del Mar

Callejero debajo de este impresionante árbol te aguardo...

- En busca del Camino del Mar, 1ª parte. (5/5/18)

- En busca del Camino del Mar, 2ª parte. (12/5/18)

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