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sábado, 9 de octubre de 2021

LA HISTORIA DE LA ESTATUA ECUESTRE A JAIME I: 130 años de pura devoción. (Historia de Valencia #8)


Estatua Jaime I en el Parterre.
Fotografía: I. Balensiya.
CIUTAT VELLA
La Xerrea

9 de octubre de 2021. Hoy, como todos los 9 de octubre, los valencianos nos dirigimos tots a una sola veu al Parterre para entonar el himno regional, tras colocar la corona de hojas de Laurel a los pies de la estatua ecuestre de Jaime I El Conquistador.

Valenciano, seguro que has cantado con respeto y has admirado la estatua con devoción casi religiosa. ¿Pero acaso sabías que este año es su 130º aniversario?

Detalle de la corona de Laurel
Fotografía: I. Balensiya


Nos tenemos que remontar al siglo XIX cuando surgió la idea de crear este monumento. Fue en una tertulia que se organizó en 1875 por Teodoro Llorente, director del periódico Las Provincias. Los tertulianos pensaron que Valencia tenía que homenajear el sexto centenario aniversario de la muerte del Rey Conquistador en 1876 y presentaron la propuesta al Ayuntamiento, pidiendo la construcción de tal estatua. Ese documento lo firmaron: Teodoro Llorente, Vicente Querol, Eduardo Attard, Juan Reig, Feliciano Llorente, José Fernández Olmos, Vicente Graus, Aurelio Querol, Bernando Ferrandis, Rafael Ferrer y Bigne, José Brel y Juan Navarro Reverter.

El Ayuntamiento con mucho gusto acepto la propuesta, y nombró una junta rectora del monumento el día 13 de junio de 1876. La cual fue dividida en dos secciones, una que atendió al estudio de la estatua y otra a recaudar fondos para su construcción.

La Junta fue presidida por el alcalde accidental F. Llorente y Ferrando quien decidió que el monumento sería la imagen del rey a caballo, estaría hecha de bronce de tamaño y medio mayor que el natural y se sufragaría por suscripción pública.

Llegó el primer contratiempo y anécdota: la estatua no estuvo hecha para la fecha del centenario, por falta de recursos económicos. Para que el entusiasmo de los valencianos no cayera, se acordó en 1878 construir el pedestal, que fue realizado por el arquitecto municipal Vicente Constantino Marzo, con una altura de siete metros y medio. El material escogido fue piedra de Almorquí, una piedra muy resistente a las condiciones extremas y que no se fisura y que ha sido utilizada durante más de siete siglos como material de construcción en nuestra tierra, sobre todo en la zona de Novelda. 

La estatua durante la Riada de 1957, las aguas alcanzaron los 5 metros.
Fotografía coloreada por I. Balensiya

Un año más tarde en el Boletín Oficial del Estado, aparece la convocatoria dirigida a los escultores valencianos para realizar la estatua. Se presentaron: Moltó, Yerro, Gilabert y Aixa. 

Segunda anécdota: Ningún diseño de los escultores valencianos agradó y el concurso de declaró desierto.

Dado que el concurso realizado a los artistas valencianos había quedado sin resolver, al no convencer ninguno de los proyectos. La Junta encargó el notable escultor catalán Agapito Vallmitjana la obra.

El escultor realizó un diseño que maravilló a la Junta, por lo tanto, dieron su aprobación, pero… ¡Generó una gran polémica con escultores valencianos!

Boceto que presentó Vallmitjana. 
Institut d´Historia de Barcelona. 

Por el otro lado, el escultor Vallmitjana tenía 55 años y ya era un artista consagrado. Procedía de una familia modesta, había ingresado muy joven en la Academia Provincial de Bellas Artes de Barcelona, su ciudad natal. Su carrera despuntó al especializarse en escultura religiosa y funeraria.


Fragmento del modelo en madero de Vallmitjana
Se conserva en el Archivo Histórico de Valencia.

Tercera anécdota y leyenda urbana: Se dice que cuando Vallmitjana recibió el encargo de diseñar la estatua estuvo buscando un caballo que le sirviese de modelo. Tenía que ser un corcel digno de un rey: veloz, fuerte y de gran tamaño. Finalmente lo encontró, un caballo percherón que pertenecía a un comerciante llamado Rafael Martí, el cual lo usaba para trabajar.

Según se iba tallando el caballo en madera, mas emocionado estaba el comerciante, de la inmortalización de su caballo. El hombre había sido soldado miñón y recordaba esa época como la mejor de su vida, por eso el momento en que se vertió el bronce líquido en el molde, Rafael dejó caer su sombrero militar, que aun usaba, dentro del molde. Quería que el recuerdo de la mejor época de su vida, acompañara la imagen de su caballo. Con la emoción del momento histórico, no se acordó de coger el dinero que había ahorrado y guardaba escondido dentro del sombrero. Así fue como se fundió en el bronce a 900º grados su sombrero militar de miñón y un billete de mil pesetas, los ahorros de toda una vida. 

Billete de 1000 pesetas de 1880. 

El contrato con el catalán se firmó por la cantidad de 50.000 pesetas, satisfactoriamente acabó su obra el 29 de abril de 1886, pero el rencor de los artistas valencianos contra la Junta aún continuaba como bien apareció publicado en Las Provincias:

«Si Valencia es, sin duda, el centro pictórico de mayor importancia de España, Barcelona es el primer centro escultórico, de ello han de salir obras para todas partes, de todas ellas, una sola es la que en Barcelona ven salir con sentimiento, una sola es la que allí ha merecido los honores de que se la quisiera reproducir para no desprenderse de ella: la estatua ecuestre del Rey Don Jaime, hecha por D. Agapito Vallmitjana. El ayuntamiento de aquella capital acordó pedir al de Valencia que le permitiese fundir otro ejemplar, para colocarlo en la plaza Real, viendo que esto ofrecía grandes inconvenientes, ha pedido al escultor que haga para Barcelona otra estatua del Rey D. Jaime. Pero esto será porque los catalanes no entienden, porque ya hemos convenido aquí, en “petit comité” que la estatua es un “buñuelo”».

Fuese o no del gusto del grupo de los artistas valencianos, con el modelado de la estatua acabado, había que pasar a la segunda parte del proyecto: su fundición, había que escoger al fundidor que transformara el modelo de madera en un bronce artístico.

La cuarta anécdota: Esto es España y fueron a encargarlo al más barato.

Así lo atestiguan los documentos:

«Era muy normal en Valencia el deseo de que, ya que no había podido construirse la estatua por un escultor valenciano, hicierase su fundición en talleres de esta ciudad. La Junta erectora abundaba en estos sentimientos, pero creyó que, a fin de garantizar los intereses puestos a su cargo, debía abrir un concurso para dicha obra de fundición. A este concurso solo fueron llamados los fundidores españoles. El plazo concedido de termino el 20 de enero de 1887. Acudieron al llamamiento los Sres. Comas hermanos, de Barcelona que ofrecieron fundir la estatua por 36.000 pesetas, Alejandro Wolhguemosthm, también de Barcelona por 34.500, Vicente Ríos, de Valencia, por 50.000 y los Sres. Climent y Alacá, dueños de la Maquinista Valenciana por 30.000.»

Imperaba el deseo de fundir la estatua en Valencia, así en el concurso lo ganó La Maquinista Valenciana, cumplía el requisito de ser de la capital del Turia, y el añadido de ser la más económica. Pero como aún así seguían sin tener aún toda la cantidad de pesetas necesaria no se formalizó el contrato hasta 31 de julio de 1888, por medio de una escritura pública, entre el alcalde accidental D. Pedro Fuster y los Señores Climent y Alcalá.

En dicho contrato se decía que se comprometía a entregar a la Junta una estatua fundida en 15.000 kilos de bronce, estaría aleada en 914 milésimas de cobre, 54 de zinc, 17 de estaño y 15 de plomo y la plancha debía tener el espesor mínimo de 10 milímetros. La entrega se haría en 8 meses y la colocación sobre el pedestal corría de cuenta de La Maquinista Valenciana.

Así lo hizo saber El Almanaque de las Provincias en 1892.

El 10 de agosto de 1890 el modelo de madera del rey Jaime entró en los talleres de La Maquinista Valenciana. La familia Climent durante dos años pudo decir que fue “la casa del rey”. Lo que hizo que la fundición fuera uno de los lugares más visitados por las personalidades de la ciudad, además de foco de mira de la prensa, especialmente del periódico Las Provincias, ya que su director fue uno de los iniciadores del proyecto.

El segundo inconveniente: La Maquinista Valenciana no pudo terminar el monumento hasta cinco años después.

La quinta anécdota: Durante 13 años Valencia tuvo un pedestal de piedra sin estatua alguna.


Vista general del Parterre, al fondo el pedestal sin Jaime I (1888)
Fotografía coloreada por: I. Balensiya

Continuemos con el proceso de fabricación y la anécdota sexta.

Necesitaban materia prima para hacer la estatua es por ello que consiguen que el Ministerio de Guerra le cedieran cinco cañones y un obús del Castillo de Peñíscola, autenticas obras de museo militar, que tenían arrinconadas en la fortaleza castellonense. El 30 de enero de 1887 los operarios de La Maquinista Valenciana, comenzaron a cortar en trozos los cañones, para poder dejarlos en meros bloques de bronce listos para ser fundidos.

Una vez pagado el contrato, la empresa de fundición trasladó la estatua de madera desde Barcelona a Valencia, un proceso que se podía seguir día a día a través de las gacetillas que publicaba Las Provincias.

7 de agosto de 1888

Nos escriben desde Barcelona que el viernes comenzaron a cortar el modelo de la estatua del rey Don Jaime en los trozos que han de hacerse para dividirla y fundirla. Esta solo en tres: la cabeza y cuello del caballo, el cuerpo del jinete hasta la cintura y el cuerpo del caballo con las piernas del jinete. Para hacer estos cortes el ingeniero de la fundición del Sr. Climent se ha puesto de acuerdo con el escultor Sr. Vallmitjana y con la comisión de la Junta que está en Barcelona.

Las noticias se iban publicando en la prensa y eran seguidas con gran expectación por los valencianos. En agosto llegó a la ciudad el tercer inconveniente, la estatua era “demasiado” grande.

9 de agosto de 1888

Ayer regresó de Barcelona el Sr. Climent dejando facturada y dispuesta sobre el “wagon” la estatua del Rey Don Jaime. Ayer debió salir de aquella ciudad y llegará hoy, a pesar de haberse separado la parte superior del jinete del caballo resulto que este colocado en el vagón, no podía pasar túneles. Hubo necesidad de quitar el plinto de madera sobre el que descansa y cortar parte de la cabeza y cuello.

Cuando fue conducida la estatua de los talleres del Sr. Vallmitjana a la estación, en un camión muy grande arrastrado por ocho caballos, la gente se detenía a mirar aquella enorme figura hecha pedazos y los que conocían al Sr. Vallmitjana se complaciera de que procesa a fundirla.

Afortunadamente el traslado desde la Estación del Norte al taller de La Maquinista Valenciana, no ocurrió ningún incidente.

11 de agosto de 1888

Ayer tarde quedó depositada en los talleres de La Maquinista Valenciana el modelo en madera del Rey Don Jaime, el transporte por ferrocarril y la descarga se verificaron sin el menor incidente y menoscabo. Los Señores Climent y Alcalà se proponen montar dicho módulo antes de proceder a la fundición, para que puedan verlo los que deseen. Avisaremos el día en que quede expuesto al público. A propósito, La Ilustración Catalana, publica su último número un retrato del escultor Vallmitjana y de su obra la estatua del Rey Don Jaime.

Portada de la Ilustración.
8 de Febrero de 1891

El cuarto inconveniente La Maquinista Valenciana no cumplió el tiempo establecido en su contrato. Pronto comenzaría a tener problemas. Pero aun así una hurra resonó en el local en el primer momento en que el que con zozobra vieron derramarse fuera del molde una pequeña cantidad de metal fundido, pronto le sucedió un nutrido aplauso. Habían tenido el material suficiente para rellenar hasta el borde del enterrado molde. 

El Señor Climent fue felicitado por todos, cuando por fin extrajeron de los moldes la estatua, y despejar esa incertidumbre de que no había sufrido ninguna contrariedad. Valencia entera respiró aliviada, para la Feria de Julio podrían ver la estatua sobre su pedestal.

Quinto inconveniente: No todo fueron laureles para Francisco Climent, esa primavera el incipiente proletariado industrial valenciano, agrupado en el sindicato de la UGT y en centro anarquistas planta cara a la patronal con sus reindivincaciones de mejora en las condiciones de trabajo, especialmente en la lucha de la jornada laboral de ocho horas. Todas las industrias de Valencia se paralizaron, La Maquinista Valenciana, también.

En el meeting del 2 de mayo de 1890 que dio la agrupación de Valencia del Partido Socialista Obrero se exponen con claridad las reclamaciones, que plantean los trabajadores valencianos:

-        - Limitación de la jornada de trabajo de 8 horas para los adultos.

-        - Prohibición del trabajo de los niños menores de 14 años.

-        - Reducción de jornada para los trabajadores entre 14 y 18 años.

-        - Abolición del trabajo de noche, excepto algunas industrias cuya naturaleza exige un funcionamiento no interrumpido.

-        - Prohibición del trabajo de las mujeres en industrial que puedan perjudicarlas por ser mujeres.

-        - Abolición del trabajo de noche a la mujer y obreros menores de 18 años.

Todos los trabajadores valencianos, imitaron a los franceses, apostando por una huelga general con el único medio de lograr esas 8 horas de jornada laboral.

Las Provincias hizo crónica de ello.

7 de mayo de 1890

Una comisión de propietarios de fundidores y talleres de construcción visitó ayer mañana al Señor Gobernador, para pedir el apoyo de la Autoridad, a fin de que garantizase la libertad del trabajo. Manifestaron al Sr. Jimeno de Lerna que todos los operarios hallábase dispuestos a reanudar sus faenas, pero pedían la seguridad de no ser molestados por los huelguistas. Los operarios que no han hecho demanda alguna, volverán hoy a los talleres, si como es de esperar, con el apoyo de las Autoridades.

Ayer por la tarde se reanudaron los trabajos de fundición en La Maquinista Valenciana, protegiendo el edificio por las fuerzas de la Guardia Civil. Por la mañana se habían disparado dos petardos en la puerta de la fundición, produciéndose la alarma consiguiente, carreras y cierre de puertas.

Al día siguiente la huelga general se podía dar por dominada y los mercados y centros de reunión, el comercio y todo el resto de la ciudad volvían a tener un día cotidiano sin historia alguna. Este día no se hizo ninguna detención, pero las calles eran vigiladas y la Guardia Civil a caballo continuaba las rondas por el centro de la ciudad y los arrabales por las noches.

17 de julio de 1890

Ayer se reunió la Junta del monumento del Rey Don Jaime para tratar la fundición de la estatua. La Maquinista Valenciana se comprometió a fundirla y colocarla sobre el pedestal en el término de 10 meses que concluyeron en mayo último. No habiendo cumplido su compromiso, la Junta entiende que procede la escisión del contrato y ha autorizado a su presidente el Sr. Alcalde para tratar con dicha fundición y resolver lo que proceda.

Llegó una inquietante noticia: Se dijo que Francisco Climent había informado que la base de la estatua era más grande que el pedestal que debía soportarla. Se decía que la estatua en vez de ser tamaño y medio del natural, lo eran dos veces mayor.

Solo fue una falsa alarma. Las medidas eran perfectas. El trabajo siguió su ritmo como fue informando el periódico estrella de la ciudad:

21 de junio de 1890

Tocan a término los trabajos de fundición de la estatua del Rey Don Jaime y quizás antes de que termine la semana que van a empezarse las de remate con la fundición del busto, única pieza que queda para completar la gran figura ecuestre que, para gloria y ornato de Valencia, se ostentarán en una de sus mejores plazas.

Los trabajos de pulido y refinación también adelantan con rapidez, Limpias ya todas las piezas de los aditamentos de las intersecciones y junturas, han comenzado las de bruñido y ya puede observarse en las guarniciones y gualdrapas del jinete y el caballo, el buen efecto del claro-oscuro en la monumental figura, cuyas proporciones y grandiosidad se han hecho más visibles al reconstruir el modelo de madera que se ve ya armado en la sala central de la fundación del Sr. Climent.

Estatua acabada en la Maquinista Valenciana, al fondo la de madera.
Fotografía coloreada por: I. Balensiya

Finalmente, el 12 de enero de 1891 la estatua ecuestre del Rey Don Jaime I El Conquistador, fue colocada sobre su pedestal con una gran grúa, inaugurada el 20 de julio de ese año. Habiendo trascurrido dieciséis años desde la idea propuesta por Teodoro Llorente a su contemplación en el Parterre.

Grúa colocando la estatua en su pedestal.
Fotografía coloreada por: I. Balensiya

                                         
Momento de su inauguración, durante la Feria de Julio.
Fotografía coloreada por: I. Balensiya

Para poder solventar el rencor de los artistas valencianos, sobre el pedestal de piedra se colocaron el escudo de la Ciudad y el de la Casa de Aragón hechos por el escultor Aixa.

Valencia pudo homenajear al mejor rey que tuvo, con esta escultura dónde se aprecia el pictoricismo de un escultor, que destaca su severidad de imagen sacra. Representa al rey Jaime I montado a caballo que va al paso, el rey extiende la mano al frente en actitud de dirigir al tropa, como queriendo decir: Aquí esta Valencia. Todo en un estilo muy romántico. 

La imponente estatua que podemos ver cada día. 

Haciendo un rápido y breve análisis artístico de la escultura. Se aprecia que Jaime I está erguido en actitud regia, con los hombros alineados, con las piernas descansando sobre los estribos de su caballo, el cual está equilibrado en el suelo con tres patas y una levantada. Señal en el mundo de la estatuaria de que el jinete fue herido en batalla. 

Vista general y frontal del caballo con la pata levantada.
Fotografía: I. Balensiya

Existe un gran contraste de luces y sombras que se aprecia en las fosas nasales y orejas del caballo, al igual que la crin del caballo. Vallmitjana trepanó he hizo diversos planos de profundidad para poder tratar de representar los diversos contrastes de tejidos y ornamentos en las bridas del caballo, que tiene actitud rotunda, pero no muy violenta. Está totalmente controlado por su jinete. 


Detalle de la cabeza del caballo.
Fotografía: I. Balensiya

Lo mismo ocurre con la ropa del rey. Vestido con una sobrevesta con las barras de Aragón y una trabajada cenefa con filigrana. La cota de mallas nos indica carácter guerrero, al igual que su espada, es una espada de batalla, no para lucir. Pues no tiene joyas, es sencilla y práctica para la lucha. Esta espada es una copia de la que se conserva en el Archivo Histórico y dícese que perteneció a este rey. 

Ropas y arma del Rey Conquistador 
Fotografía: I. Balensiya

Su rostro esta severamente marcado y ha incidido en dotar de profundidad, para crear ese juego de luces y sombras y darle expresión con una mirada directa, seguro de si mismo en el campo de batalla impartiendo ordenes y señalando con su mano derecha el objetivo a tomar, Valencia.

Detalle del rostro de Jaime
Fotografía: I. Balensiya


Para concluir, cabe indicar la imagen de noche, con el juego de sombras y las luces del Jardín del Parterre, le da un aspecto fantasmal, como una aparición del pasado para recordarnos quien fue él, Jaime I: padre, protector y pacificador del Reino de Valencia. 

Vista nocturna de Jaime I en el Parterre. 
Fotografía: I. Balensiya

lunes, 10 de mayo de 2021

Cuando la Perla del Turia perdió sus joyas. (Historia de Valencia#)

Primer plano de la Virgen de los Desamparados.
Fotografía: © Instituto de Conservación
Restauración e Investigación
IVC+R
CIUTAT VELLA
La Seu

Hoy hace 80 años de la segunda coronación de la Virgen de los Desamparados, loada por los valencianos como Perla del Turia. Tal día como hoy el arzobispo de Valencia le puso sobre su cabeza la corona que hoy luce y que nosotros conocemos, además de tornársele de las joyas que habían sido arrancadas de sus ropas.

El 16 de febrero de 1936 en las elecciones generales de España, ganó el Frente Popular de Izquierdas Manuel Azaña, sucediendo a la presidencia republicana de Alcalá Zamora. Comenzaron las huelgas, los desordenes públicos, los incendios de las iglesias, conventos y todo se sumergió en un gran caos y el pánico llenaba las calles.

En la ciudad de Valencia los anarquistas y extremistas de izquierdas iniciaron la quema de iglesias y conventos. El 19 de junio ardió la primera: la iglesia de los Santos Juanes. Le prosiguieron en 21 de junio los incendios en la Catedral, la Basílica de la Virgen, San Martín, San Bartolomé, San Agustín y San Valero de Ruzafa.

Horas antes del incendio en la Basílica de la Virgen, algunos sacerdotes pudieron celebrar una misa a puerta cerrada. Entre los presentes se encontraban particulares armados y sacristanes que atrancaron las puertas. Un grupo de extremistas que salían de incendiar la Catedral comenzó a forzar las puertas de la Basílica, y al no poder, tomaron unas vigas de madera y las emplearon como arietes logrando penetrar en el interior.

Incendio dentro de una iglesia

Amontonaron los bancos y prendieron una hoguera que pronto se extendió por todo el interior del templo, cuando las llamas estaban alcanzando el nicho donde está la Virgen de los Desamparados, apareció milagrosamente, una sección de la Guardia Civil a caballo, al mando de ellos estaba el capitán Uribarry, que, pese a sus ideas anarquistas, despejó el templo de incendiarios, facilitando a los bomberos apagar el fuego.

Fue decisiva la actuación del alcalde republicano de Valencia, un abogado llamado José Cano Coloma, que dio órdenes a la fuerza, tanto del orden como a los municipales para que actuasen.

Ello hizo posible que no hubiera más daños dentro de la Basílica de la Virgen y se salvara la histórica y venerada Imagen, cuya cara había sido destrozada por los tres proyectiles que le dispararon y las llamas del fuego. La habían despojado ya de su corona, mandorla, y buena parte de sus joyas.

Estado en que se quedó la Imagen de la Virgen

Apagado el fuego y despejado el humo, pudieron advertir que parte de las joyas de la Virgen están esparcidas y desparramadas por el suelo. Los sacristanes y algunos guardias civiles recogieron una por una las alhajas que se habían salvado de las manos de los saqueadores y las metieron en cajas de puros del estanco de la plaza y las precintaron.

Por si acaso regresaban de nuevo los revolucionarios a proseguir profanando el templo, durante todo el día la Guardia Civil permaneció dentro de la Basílica, reforzada en el exterior por una sección de caballería, que no dejaba acercarse a nadie al recinto.

El alcalde Cano Colomer republicano, ideó como salvar la Virgen, consciente del valor histórico y sentimental que tenía para los vecinos de Valencia. Decidió llamar al presidente de la Cofradía, el señor Carrau, para buscar una solución y al final optó por esconderla en el propio Ayuntamiento, a fin de salvarla de manos maliciosas y la destrucción.

Esa misma noche, un camión municipal y escoltada por la Guardia Civil, la imagen fue llevada hasta el Ayuntamiento, dónde fue ocultada dentro de un armario tabicándolo. El alcalde quiso hacer las cosas bien y llamo a un joven notario, Enrique Taulet y Rodriguez para que levantara acta del depósito de la Virgen en el Ayuntamiento y de las pocas joyas que se habían salvado, descritas en el acta notarial, así como el lugar donde fueron guardadas. Un acta que hoy en día es conservada en el archivo histórico del Colegio de Notarios de Valencia.

 

Acta notarial 

La Virgen escondida en el Ayuntamiento y la Basílica convertida en un cine republicano, pero no quedaría ahí el tema, pues había rumores de que estaba escondida en el Ayuntamiento, y este era irrumpido frecuentemente por grupos de milicianos para hacerse con a la talla sagrada. Los funcionarios que sabía que estaba ahí escondida, siempre lo negaron.

 

Fue el 26 de mayo de 1937, a las 3 de la madrugada, cuando un proyectil de un bombardeo aéreo, impactó sobre la escalera principal del ayuntamiento. La honda expansiva hizo agrietar los tabiques del armazón donde estaba ocultada la imagen y se desplomo el ventanal que había en dicha pared. Con rapidez localizaron un albañil y un carpintero para que repararan los desperfectos, restableciendo así el estado original del tabique.


Comparativa del destrozo de la bomba con el estado actual. 

Eran muchos los funcionarios que sabían que la Virgen estaba allí oculta, pero guardaron fidedignamente el secreto. Hubo revolucionarios que había oído rumores de que estaba oculta en el Ayuntamiento, y para evitar que la destruyeran, un funcionario tuvo que darles algunas de las joyas de la Virgen de los Desamparados para mantenerlos alejados.

Durante la Guerra Civil, se dice, que nunca faltó un ramo de flores junto al lugar dónde se hallaba escondida, y que con frecuencia cambiaban las funcionarias. En la actualidad en ese lugar hay una pequeña capilla dedicada a la Virgen y continúan las ofrendas florales.  

El 29 de marzo de 1939 las tropas nacionales entraron victoriosas en la ciudad de Valencia, concluyendo de esta manera la Guerra Civil, sería dos días después cuando en la plaza de Emilio Castelar – actual plaza del Ayuntamiento – se haría una primera misa publica después de los tres años de suspensión y prohibición del culto católico.

Durante esa misa corrió el rumor de que la Imagen de la Virgen de los Desamparados se había salvado de la destrucción, un hecho que le dieron un carácter milagroso. El 2 de abril, Domingo de Ramos, fueron celebradas misas en distintos lugares de la ciudad y a las doce del mediodía hubo una misa de campaña en la plaza de la virgen, junto al profanado templo mariano.

El 15 de abril de 1939, un periódico valenciano publicaría:

«Las pistolas apuntaron a la dulce, indefensa imagen y la profanaron. Quedó esta entre lenguas de fuego. Por rejas y balcones surgían las llamas… un balazo hirió la cara de la Virgen y otro martirizo el cráneo»

La Imagen fue sacada en andas, sin nimbo, ni corona, tocada con una delicada corona de flores camino a su Basílica el 11 de mayo de 1941 cuando fue coronada por segunda vez.


Virgen antes de su coronación y restaurada. 

Fueron varios los artesanos que intervinieron para la confección de la nueva corona. La Basílica ese día estrenaría una lámpara de araña hecha de cristal y bronce, con cincuenta y cuatro luces, realizada en la fábrica Mariner que el Circulo Frutero de Valencia entregó de ofrenda.

Fue el arzobispo Prudencio Melo quien bendijo y ciñó la corona en la cabeza de la Virgen, un instante de gran emoción para toda la ciudad de Valencia, una espesa lluvia de pétalos de flores caía de los balcones valencianos y estampidos de traca celebraban el regreso de la patrona a su altar.

Esa tarde hubo una larga procesión días después, el alcalde de Valencia rindió homenaje a todos y cada uno de los valencianos que salvaron y custodiaron la Imagen durante la Guerra Civil.

 

 

José Cano Coloma, alcalde de Valencia

He aquí la versión oficial de sobre la desaparición de la Virgen de los Desamparados, según el alcalde de Valencia del año 1936.

«El día 21 de Mayo de 1936, a las diez de la mañana, me llamaron al Ayuntamiento para decirme que se rumoreaba que querían quemarla – a la Virgen de los Desamparados - En aquel tiempo, mediante Radio Valencia, nos poníamos en contacto con la población, siempre que fuese necesario. Rápidamente emití un discurso llamando a la cordura y pidiendo a los ciudadanos que nos ayudaran, que se acordaran todos que nosotros vivíamos en la ribera del mar Mediterráneo, que era el mar de la Civilización y que ésa sería una vergüenza que pesaría toda la vida sobre Valencia… Eso eran las once, pero a las doce y media me dicen: “Señor alcalde, que ya están allí”. Yo estaba despachando mis asuntos municipales, pero enseguida me trasladé a la plaza de la Mare de Déu. Salía hubo de la basílica de la Virgen, no muy intenso, pero ya se estaban quemando sillas: los bomberos estaban allí, ¡Pero no tenían agua! Y estaban, como quien dice, esperando a que bajase el arcángel San Gabriel para dar las órdenes: estaban también la Guardia Civil, al mando de un sargento, que tendría sus cincuenta o sesenta años, y una colección de números tan veteranos como su sargento…

Y llego y les digo a mis bomberos: ¡agua y adentro! Les aconsejé que en primer lugar desalojaran la basílica con el agua – la técnica ésta la había leído en no sé qué novela -, la Guardia Civil acordonó el recinto para alejar a la gente… La Virgen no llegó a quemarse, un mucho menos. A la Virgen lo que le pasó fue que las llamas le agrietaron la mejilla izquierda, que es de porcelana. Total, salvamos a la Virgen, apagamos el fuego y dejamos un piquete para cuidar aquello.

A las diez de la noche volvimos a la plaza de la Virgen con un camión, que había estado todo el día repartiendo patatas al Ayuntamiento. No estaba seguro de lo que había que hacer, por eso acudí a casa de don José María Carrau, hermano mayor de la Archicofradía de la Virgen y ex decano del Colegio de Abogados, para que me aconsejara. Don José María y su hijo me acompañaron. No sabían porqué motivo los llevaba conmigo. Subimos al Salón de los Cristales: estaba a oscuras. Encendieron las luces y don José María cayó de rodillas, y como no sabía dónde mandar a la Virgen, le dije: “Pues si usted no sabe dónde, me la quedaré yo” Esa misma noche, con la colaboración de todos, organizamos una procesión particular para trasladarla al Archivo. El archivero, una bellísima persona, me comunicó que allí no podía entrar, porque la puerta estaba sellada, pero yo, como alcalde, y, por consiguiente, también clavero, rompí el sello y guardamos a la Virgen en el fondo, debajo del busto del rey don Jaime: mirando a la Virgen, a su izquierda, esta el arca que contiene el Consolat del Mar y encima de la Virgen, por si faltaba algo, la Senyera.

Al día siguiente no abrió el Archivo. Por la noche, llamé al sobrestante de Vías y Obras y le encargué levantar un tabique que emparedase la a la Virgen. Y allí estuvo la Maredeueta toda la guerra.  

De la entrega de la Imagen y joyas de la Virgen levantó la correspondiente acta el joven notario Enrique Taulet Rodriguez Lueso.»

José Cano Coloma, Alcalde de Valencia de Izquierda Republicana.  

jueves, 23 de marzo de 2017

El Temple, lo que no hay, lo que no se ve... (Historia de Valencia# 5)


CIUTAT VELLA
La Xerrea

Desde siempre me han gustado los templarios, como algunos de vosotros sabréis, junto a la historia de Valencia.
Es conocido el tema de que hubo templarios en tierras valencianas, puesto que el mismísimo Jaime I el Conquistador, el padre fundador de la Valencia cristiana, fue educado por ellos, razón por la cual estos monjes guerreros estuvieran habitando las calles de nuestra ciudad tras su reconquista en 1238.

Quise redactar un articulo sobre la presencia de la Orden del Temple en la ciudad de Valencia y decidí hablar con un amigo Santiago Soler, conocedor del tema, para documentarme pero ante tal cantidad de información y tan experto me pareció que decidí invitarle a escribir una entrada en "Callejeando por Valencia".

Así que aquí os dejo el articulo del señor Soler.

"El Temple, lo que no hay, lo que no se ve..."


Siempre me ha encantado callejear por Valencia, pero creo que todavía me gusta más, desde que vivo fuera de mi querida ciudad.


Sus calles me traen viejos recuerdos, me refrescan la memoria, me hacen volver a sentir sabores, a percibir aromas, y como no, me hacen apreciar y revivir su historia, sobre todo, la medieval. 


Posiblemente el palacio del Temple no se pueda comparar en belleza y grandiosidad con la Catedral, con las Torres de Serranos, o con las Torres de Quart, pero este conjunto formado por el Convento y la Iglesia de la Orden de Nuestra Señora de Montesa, quizás diga más por lo que no es y no hay, que por lo que  es y por  lo que hay.

El conjunto que hoy vemos fue construido entre los años 1761 y 1770, después de que el 23 de marzo del año 1748,  un terremoto arruinara el antiguo monasterio existente en el Castillo de Montesa.



Detalle de la lámina de  Alfred Guesdon (1853-1855) donde se aprecia frente al palacio del Temple,  la torre de Alibufat, la puerta del Temple, y las murallas  derruidas en mayo de 1865.

Sobre lo que hay, lo que se ve, y lo que es,  nada nuevo puedo decir. Existen infinidad de textos y estudios  relativos a su historia, su arquitectura y su escultura.  Pero es lo que no hay, lo que fue, y lo que representó, lo que  me atrae y cautiva, lo que me embelesa y me transporta en el tiempo, lo que me hace evocar y  añorar.

Tras la conquista de Valencia, Jaime I donaba a la Orden del Temple una torre junto a la puerta de Batbazachar, su muralla y barbacana, varias casas allí situadas, un amplio recinto en el barrio de la "Exerea", y veinticinco jovadas de tierra en el término de la ciudad.

Esto lo sabemos gracias a un documento fechado el 18 de octubre del año 1238 que se encuentra en el Archivo Histórico Nacional (códice 543c), en el cual Jaime I hacía donación de todo lo arriba indicado a Guillem de Cardona,  "nostri fratis venerabilis domus Templi nobis fecistis et facitis cotidie, et fecistis specialiter nec in adquisicione civitatis et regni Valenciae....", es decir, a "nuestro venerable hermano de la casa del Temple que por nos tanto a hecho y hace a diario, y especialmente por lo hecho en la adquisición de la ciudad y Reino de Valencia..."


Desde luego no es de extrañar el afecto y cariño con el que el rey  trata al templario en este documento, al que llama "nuestro venerable hermano". Desde que fuera educado en  el castillo Monzón por Guillem de Montrodon, maestre de la Orden del Temple  en tierras aragonesas,  a quien elogió por su valentía y lealtad en el Libre dels feits, Jaime I siempre se rodeó de estos leales caballeros en todas las empresas que acometió.

Aunque no formaban ni mucho menos una de las mesnadas más cuantiosas  del rey (apenas unas decenas de caballeros frente a los más de cien caballeros de las huestes nobiliarias  que Jaime I portaba para la toma de Valencia), si eran las tropas más profesionales y fieles a su persona, y esto siempre se tradujo en forma de donaciones, heredades, y privilegios.

Sigue este documento del Archivo Histórico Nacional diciendo que el rey donaba a estos caballeros una "turrim magnam in Valencia," una torre grande en Valencia, "que est ad portam que dicitur Batbazachar," que está en la puerta que llaman de "Batbazachar",  "cum muro  et barbachana et com omnibus domibus que sunt usque  ad turrem que est in muro iuxta columbarium, ex parte fluminis", con el muro y barbacana y todas las casas que allí están, hasta la torre que está en la muralla junto al palomar, en la parte del río....


Dibujo realizado por Jose Enrique Galiana Soler
 (1894-1971) de la puerta de Batbazachar.

Desde luego la estampa con la que se encontró Jaime I y los templarios nada  tuvo que ver con  lo que hoy conocemos.

¿Alguna vez os habéis imaginado como sería? ¿Qué aspecto tendría la torre de Ali-Bufat? ¿la puerta de Batbazachar?

Quizás uno de los muchos personajes olvidados de la historia de nuestra ciudad sea el dibujante, arquitecto y escritor José Enrique Galiana Soler (1894-1971). Entre las maravillas que este verdadero artista nos legó se encuentra una preciosa imagen de la que fuera la  puerta de Batbazachar, empotrada en la muralla  de la ciudad, y protegida por almenas piramidales.



También existen en el Archivo General de Simancas, dos preciosos y preciados manuscritos sobre papel,  fechados en el año 1780,  y en los cuales podemos hacernos una perfecta idea de como fue, al menos en el siglo XVIII, la conocida como "puerta del Cid", es decir, la puerta de Batbazachar.

El primero de los manuscritos lleva por título "Plano y perfil del Arco o portal del Cid de Valencia que comunica a la obra nueva del Sacro Convento de Montesa con la torre del Temple contiguos a la muralla de de la ciudad", y es sin lugar a dudas, uno de los documentos gráficos más interesantes que existen sobre la fábrica de este portal.

En cuanto al segundo, lleva por título "Explicación del Plan del Arco o Portal del Cid de Valencia", y contiene la explicación   hecha por el Marqués de Angulo a don Miguel de Muzquiz sobre la obra a realizar y su coste.


Plano y perfil del Arco o portal del Cid de Valencia que comunica a la obra nueva del Sacro Convento de Montesa con la torre del Temple contiguos a la muralla de de la ciudad", año 1780. Archivo General de Simancas.

Explicación del Plan del Arco o Portal del Cid de Valencia", año 1780. Archivo General de Simancas.

Pero volvamos de nuevo al documento que nos ocupa.  Desde el palomar que se hallaba junto al río, Jaime I también donaba a la Orden del Temple todo el terreno que se encontraba "...recta via sive carreronem usque ad viam publicam que dicitur Cuaycha", siguiendo recto el camino, hasta el camino llamado Çuayra.

"Et  ab hinc usque ad mesquitam sicut proceditur usque ad illum parietem alium contiguum domibus ubi rst magna cipressus..."  y desde allí, hasta la mezquita, según se avanza hacia aquel muro alto contiguo a las casas en las que hay un gran ciprés.


Detalle de la puerta de Batbazachar y muralla 
otorgada  a la Orden del Temple. Archivo General de Simancas.
Desde las casas donde se encontraba este gran ciprés que tanto llamó la atención del rey Conquistador,  el Temple recibía "...usque ad predictam Turrim Grossam cum muro barbachana et turribus que sunt in muro", hasta la dicha Torre Grande, el muro, la barbacana, y las torres que están en la muralla.



Además, Se les otorgaba por huerto, "...de campo Exaree quantum est de porta que dicitur Batbazachar, iuxta vallium, usque ad illas duas parvas ficus contiguas vallo...", todo el que hay en el campo de la Xarea, desde la puerta llamada Batbazachar, junto al valle, hasta las dos higueras contiguas.


A la izquierda, la puerta de Batbazachar. A su derecha,
 las casas y posesiones de la Orden del Temple otorgadas por Jaime I.

Desde allí, también recibía el Temple toda la propiedad hasta la parte incompleta "qui non es completus" que había según se venía del poblado de la Xarea; y desde donde se acababan las casas en ruinas de la Xarea hasta la acequia que hay junto al río y hasta la antes dicha puerta de Batbazachar.

Contaba el Temple en lo que hoy es el actual Convento de Montesa de una pequeña iglesia, con su propio cementerio, del que hoy por hoy se desconoce su ubicación exacta, pero que se encuentra documentado en varios pergaminos donde se recogen  algo más de una veintena de donaciones de varios nobles allí enterrados.

Fue el Papa Inocencio II  quien el 29 de marzo de 1139, y mediante la bula Omne Datum Optimunn,   dio facultad a la Orden del Temple  para "...oratoria construere, in quibus utique ipsa divina officia audiat ibique, si quis ex vobis vel ex eadem familia mortuus fuerit, tumuletur..." construir oratorios en los cuales se celebraran los divinos oficios y en los cuales, pudieran ser sepultados tanto los integrantes de la orden como sus familiares una vez fallecidos.

Gracias al Llibre del Repartiment, sabemos que  los terrenos otorgados a la Orden del Temple lindaban con los otorgados a la Orden de Predicadores, que recibieron "locum illun ante porta fratrum Templi, qui affrontat in rivo Guadalaviarii..."el lugar de delante de la puerta de los hermanos del Temple, que limita con el río Guadalaviar. En este lugar, extramuros, los predicadores construyeron una pequeña iglesia, que al igual que la del Temple, poseía un cementerio. Fue años más tarde cuando, el dominico y obispo de Valencia Andrés de Albalat, costeó de su propio bolsillo la muralla que desde la puerta del Temple y siguiendo la orilla del Guadalaviar, protegía el convento de Santo Domingo, la actual Capitanía General.

Completaban el paisaje varios molinos, de los que se sabe que al menos dos, se encontraban entre el huerto de Predicadores y las puertas de la Xerea y del Temple.

Como recuerdo de todo esto, de lo que ya no hay, de lo que no se ve, tan solo queda una placa adosada  en el muro de la iglesia del Convento de Montesa que se encuentra en la plaza del Poeta Llorente.

Bajo el escudo de Montesa con  la cruz de San Jorge, en una lápida, se puede leer el siguiente epitafio:



Escudo de la Orden de Montesa y lápida
conmemorativa en uno de los muros de la
iglesia del "Temple".



SITIO DE LA TORRE Y PUERTA DE BAB – EL – SHADCHAR,
LLAMADA DESPUES DEL TEMPLE
DONDE TREMOLO EL PENDON REAL EN LA CONQUISTA
EN 9 DE OCTUBRE DE 1238
CONCEDIDA POR EL INVICTO REY DON JAIME
A LOS TEMPLARIOS
CONSERVADA POR LA ORDEN MILITAR DE MONTESA
Y DEMOLIDA PARA ENSANCHE DE LA CIUDAD EN 1865
LOS CABALLEROS DE MONTESA
PARA MEMORIA








Siempre me ha encantado callejear por Valencia; saborear lo que no se ve, disfrutar de lo que no hay....
Santiago Soler Seguí.
Madrid, marzo de 2017.