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martes, 21 de junio de 2022

Los tesoros de las Arenas y la Malvarrosa. (Esencias de Valencia# 8)

Cristales de playa y conchas, los tesoros de nuestras playas.
Fotografía: Isabel Balensiya.

POBLADOS MARÍTIMOS
Malvarrosa

Callejero, el verano ha llegado ya a nosotros. Seguramente ya habrás visitado las playas, disfrutando de sus aguas y sobre todo paseado por las arenas de sus riberas, deteniéndote de vez en cuando a coger una concha, una piedrita, o si tienes suerte un fragmento de cristal rodado. Tal vez para alguien del interior, eso no sea más que “basuras”, pero tiempo atrás, apenas cien años, eso eran tesoros para los pescadores.

En las playas de la Malvarrosa y las Arenas, junto a la desembocadura antigua del rio Turia, antes de que el Puerto de Valencia se desplegara como lo hizo a finales de la década de los 60, allí había cabañas – por no decir chozas – dónde vivían los pobres pescadores. Aquellas almas humildes que fueron retratadas por el ilustre Joaquín Sorolla en sus afamados oleos.

El pescador - Sorolla (1904)

Esas gentes, apenas tenía para vivir. Si tenían buena pesca, subían con su carreta llena de pescado a  venderlo directamente a la ciudad de Valencia, 4 kilómetros que ahora no nos afectan debido a los transportes de motor  y las calles asfaltadas y acondicionadas. Pero apenas un siglo atrás, la Avenida del Puerto no era más que, el denominado Camino del Grao, una larga senda de tierra, con matorrales en sus orillas, flanqueada de campos y la acequia de Algirós. Un camino costoso en una tartana con tiro a caballo.

 

La playa de Valencia a la derecha, la ciudad a la izquierda y
y el Camino del Grao (Avd. del Puerto en verde) Al alrededor todo campos.
Coloreado y rotulación: Isabel Balensiya

En cambio, en las tierras del interior de Valencia, y en la propia ciudad, la única agua en la que podían pescar y disfrutar era la del rio Turia. El Turia, nuestro padre que nos otorgó la vida, pero que muchas veces embravecido, ha arramblado con todo a su paso: riberas del río, campos de cultivo, molinos… Pero sobre todo, aquellas humildes casitas de venidos de Teruel o de otras zonas, que al no poder costearse una vivienda en Valencia, las construían junto a los pretiles del Turia.

Casitas humildes junto al pretil del Turia dentro de Valencia (1949)

El rio cabreado arramblaba con todo, dejando al pobre labriego, aún más pobre y desvalido por su osadía de construir su vivienda dentro de la del rio. Arrastraba no solo las vallas de madera y los tapiales de barro y cal, sino también se llevaba los enseres y los animales del corral.

Aún así, el Hombre lleno de estupidez – o de soberbia – continuará construyendo su casa cerca de los caudales de los ríos, desecando su lecho, pensando que tal vez un muro podrá contener sus aguas. ¡Iluso de él! Cuando el río despierta cabreado, recuerda con orgullo cual es su sitio y vengativo lo reconquistará con la peor de las cruezas. Pasarán los siglos y en vez de mantener el lecho limpio de cañas y basuras, lo oprimiremos más. Sigue la vida del Hombre, pero también la del Rio con su obra de destrucción, arrastrando hacía el mar todo aquello que se le interpone a su paso.

De esta manera es como el labriego valenciano o turolense perdía su casa y los muebles que tanto esfuerzo le habían costado tener. En cambio, al humilde pescador de la Malvarrosa, que siempre ha estado velando la lenta muerte del Turia a los pies del Mediterráneo, se le es recompensado con la tragedia de otros. Cuando las revueltas aguas llegaban a su desembocadura comenzaba el acto más peligroso, el de salir con la barca a faenar; la de lanzarse a las turbias aguas llenas de barro del Turia, que con fuerza acababan en un mar impetuoso teñido de cobre terroso. Los pobres pescadores exponían sus vidas a la fuerza del agua, para rebuscar entre el fango, poder rescatar algún resquicio de aquellos enseres  que el Turia ha arrebatado al jornalero y al labriego en las tierras más altas de Valencia.

Ellos vivían en la más extrema de las pobrezas, en barracones de madera, o en humildes casitas cerca de la playa viviendo del pescado. En ese momento podían encontrar algún saco de grano de algún molino, para hacer pan. Alguna gallina o cerdo ahogado con el que hacer caldos o guisos para alimentar a los hijos y padres ancianos, aunque parezca increíble hoy en día.

Los grandes maderos, empalizadas o puertas servían para construir nuevas cabañas. Alguna cómoda, cama, sillas, ¡con suerte un espejo! – que haya sobrevivido al choque continuo de las aguas y los arrastrones – que antes lucían en las habitaciones de algún molinero o traídos con esfuerzo desde Teruel, eran el regalo perfecto para aquella pareja de novios pescadores, que estaban a punto de casarse. De esta manera podrían dotar su choza de algunas comodidades y arreglarla con estos muebles desvencijados, estropeados, con unas cortinas hechas de redes de pesca decoradas con conchas y el aire junto al salitre resecando las tablas de madera que conformaban su nuevo feliz hogar, hecho con los despojos y las tristezas de otros.

Una casa de pescadores valencianos. 

Así pues, callejero, esa tendencia decorativa llamada coastal beach que “inunda” nuestras casas de conchas marítimas, de adornos hechos con redes de pesca, cuerdas, maderas envejecidas y emblanquecidas, otras tintadas de azules, cristales de playa o esmerilados, que tan caros pueden resultarnos, no lo ha inventado un diseñador inspirado, sino nuestros antepasados pescadores en todas las costas del mundo.

Click y te enseño ideas de decoración

Es por eso, y en recuerdo de aquellos humildes, que te invito a reverenciarte, a inclinarte, e ir recogiendo algunas conchas, cristales, palitos de madera y te enseño como hacer algún adorno para tu casa o tu terraza para que, al contemplarlo, pienses en que la basura de algunos es un tesoro para otros.

¡Feliz Verano!

Disfruta del sol con moderación y mantén limpia de los sempiternos plásticos las playas.


Los materiales: Necesitas cristalitos de playa, piedritas, ramitas, conchas e hilo de nylon resistente. También loctite. 

Diversos cristalitos recolectados durante años
Fotografía: Isabel Balensiya. 

El sistema es tan sencillo como seleccionar las piezas, atarlas o pegarlas a los hilos y hacer crucetas con ramitas (o palitos de brochetas)

Elaboración de un diseño sencillos.
Fotografía: Isabel Balensiya. 


Ejemplo de como queda el movil de viento. 
Video: Isabel Balensiya. 

Ya con la técnica aprendida, es tan sencillo como ir juntando los tesorillos para ir elaborando estos curiosos y baratos adornos salidos del mar. 

Con palitos de brocheta y trocitos muy
 pequeñitos de cristal. 

Fotografía: Isabel Balensiya. 

También se pueden usar fragmentos grandes con trozos de cordón y una ramita pintada de blanco. 

Otro ejemplo ideal para decorar terrazas
Fotografía: Isabel Balensiya.
.             
Por último, si sois algo habilidosos, con los alicates y el alambre podéis hacer joyas marítimas y regalarlas a vuestros amigos del interior. Sin duda un detalle muy original porque no existirá pieza igual. 

Ejemplo de joya marítima.
Elaboración y fotografía: Isabel Balensiya.


martes, 29 de enero de 2019

Vicente Blasco Ibañez (Valencianos ilustres#4)


Vicente Blasco Ibáñez en su despacho, en su casa de la Malvarrrosa (Valencia)

POBLADOS MARÍTIMOS
Malvarrosa

Callejero, tal día como hoy, un 29 de enero en el año 1867, nació uno de los más ilustres valencianos, Vicente Blasco Ibánez, en el número 8 de la calle de la Jabonería Nueva, cerca de la calle Pie de la Cruz, en la trastienda de una tienda de comestibles donde vivían sus padres Gaspar Blasco y Ramona Ibáñez.


Los padres de Blasco Ibañez
Casa natalicia del escritor. 
Lo bautizaron en la iglesia de los Santos Juanes, frente a la Lonja. Posteriormente, cuando tuvo edad comenzó sus estudios en las Escuelas Pías con los Padres Escolapios. Más tarde, ingresó en el Colegio Levantino, ubicado en lo que hoy es la plaza de Mariano Benlliure.
En esta época, fue cuando surgió su pasión por la lectura. Le gustaba consumir sobretodo el género romántico – tan de moda en la época – y entre sus escritores favoritos se encontraba Victor Hugo. El joven Blasco tenía una gran imaginación, que demostró a la hora de escribir sus novelas durante los años siguientes.

Cuando apenas contaba con 16 años, decidió escaparse de casa y marcharse a Madrid, a vivir por su cuenta. Una vez en la capital, trabajó en la casa del escritor Fernández González. La vida en las calles madrileñas le sirvió para iniciarse en el arte de escribir y publicar sus primeros escritos, pero sin mucho éxito.


En 1884, tras no encajar en el ambiente literario de Madrid, bien por su juventud, bien porque no conocía a nadie, cedió a las suplicas de su madre y regresó  a Valencia, donde continuó escribiendo, esta vez en valenciano, llegando a publicar algunos relatos como La Torre de la Boatella, en la revista de Lo Rat Penat que dirigía Constantí Llobart, ganando uno de los accésits de los premios de los Jocs Florals. En su lengua materna, siguió escribiendo En la porta del cel y Lo darrer esforç. Un poco más tarde continuó escribiendo, pero esta vez ya en castellano,  las novelas de: Fantasias, El adiós de Schubert, El Conde García Fernández, Aventurras venecianas, Por la Patria, La muerte de Capeto, Marimori, Un idilio nihilista y Fátima.

En los Juegos Florales, de 1888, se le premió el trabajo Hugo de Moncada. Se licenció en derecho en la Universidad literaria de Valencia, donde cursó los estudios completos, aunque nunca ejerció como abogado. Estudió leyes más por el empeño de sus padres, que por vocación, que querían que hiciera algo serio en su vida, pues lo veían con demasiada imaginación y fantasía.
Sus dos grandes vocaciones en la vida siempre fueron la literatura y la política. Se afilió primero al partido Republicano Federal. Precisamente, a los ideales republicanos dedicó sus primeros artículos de política, en el semanario La bandera federal que fundó él mismo. En 1890, instigó en diversas acciones y manifestaciones contra el Gobierno que presidía Cánovas del Castillo, y siendo perseguido por  la Justicia, se  exilió durante unos meses en París.

Fotografía de su boda
Tras una amnistía general, regresó a Valencia, para casarse con María Blasco Cacho, con quien tubo  tres hijos: Mario, Libertad y Sigfrido. En 1891, fue nombrado presidente regional del Partido Republicano Federal. El presidente nacional del partido Francisco Pi y Margall,  fue invitado por Lo Rat Penat como Mantenedor de los Juegos Florales de Valencia, pero éste no pudo asistir y le sustituyó en la cátedra su representante en Valencia, Vicente Blasco Ibáñez, que vivía en su casa en las orillas de la Malvarrosa.

En esta época, escribió y publicó sus trabajos literarios más políticos: La araña negra, Viva la República y Catecismo del buen republicano. Tras ser derrocado en las elecciones en las que se presentó por el distrito de Sueca, Vicente Blasco Ibáñez fundó el 12 de noviembre de 1893, el diario El Pueblo¸ que puso al servicio de sus dos preferencias vitales, la literatura y la política. Desde sus páginas iba orientado al republicanismo valenciano, impartiendo doctrina e instrucciones.
Instigó su particular guerra contra sus adversarios políticos, al tiempo que escribiría toda su obra literaria en entregas, para luego esos folletines recopilarlos en libros.
Consiguió  así instaurar una corriente de pensamiento dentro del republicanismo, conocido como blasquismo, y sus seguidores  blasquistas, que arraigó sobretodo en la zona de La Ribera.
Este movimiento se convirtió en la base de un partido independiente creado por él mismo. En 1896, a consecuencia de sus acciones políticas se vio obligado a exiliarse a Italia, donde aprovechó para escribir En el país del arte.
Su carrera política perjudicó su vida literaria y personal, aunque él amaba tener esa vida convulsa. Su devaneo político también hizo que no le concedieran el Premio Nobel de Literatura, pues ideales republicanos y antimonárquicos fueron utilizados en su contra por los gobiernos de turno, para que el rey de Suecia nunca le concediera el galardón.

En 1898, fue elegido Diputado a las Cortes por Valencia, escaño para el que fue reelegido también en las legislaturas de 1901, 1903, 1905 y 1907. En su época como diputado escribió: El Juez (1894), Arroz y tartana (1894), Flor de Mayo (1896), Cuento valencianos (1896), La Barraca (1898) – que fue traducida al francés y sirvió para darle a conocer en Europa – Entre naranjos (1900) que la escribió en una casa de campo en Alzira, La Condenada (1900) y Cañas y barro (1902)


Esta fue una larga serie de novelas de temática valenciana, que constituyen un gran testimonio etnológico, ya que describen fielmente las costumbres, tradiciones, usos y normas de la Valencia del siglo XIX.
En 1904, cansado de las lides políticas desarrollas en Valencia, y quemado por su vida agitada, se marchó a Madrid, donde decidió dedicarse solamente a la literatura, olvidándose de la política. Instalado ya en la capital, abandonó los temas costumbristas valencianos, para desarrollar tesis y  temas sociales. En esta época fue cuando escribió La Catedral (1905), La Horda (1906), en ese mismo año el Ayuntamiento lo declaró  Hijo Predilecto de la Ciudad y le hizo un homenaje. Y en Francia, el presidente de la República le nombró Caballero de la Legión de Honor.
En esta época inició el ciclo psicológico con La maja desnuda (1906), Sangre y arena (1908), Los muertos mandan (1909) y Luna Benamor (1909).
En estos años, compaginó su carrera literaria con conferencias, como las de Argentina, Chile y Paraguay.

Durante su viaje por Argentina
En su estancia por aquellas tierras intentó hacer las américas, llevado por su gran imaginación y espíritu aventurero. Creó unas colonias agrícolas, pero el grandioso proyecto fracasó, por la  tierra y el clima, que no acompañaron. Abandonó el proyecto avergonzado por el fracaso, y se mudó a Francia.
Instalado en París, se dedicó  a escribir las  crónicas de la recién estallada Primera Guerra Mundial. Este echo le influenció en sus siguientes obras: la Historia de la guerra europea, Los cuatro jinetes del Apocalipsis (1916), Mare Nostrum (1918) y Los enemigos de la mujer (1919), Los cuatro jinetes del Apocalipsis, fue convertida en guión el cinematográfico de una película. 

En Estados Unidos, fue investido doctor honoris causa por las Universidades de Washington y México. Volvió a Francia, esta vez se instaló en Menton desde donde, en 1921,  viajó a Valencia para recibir  numerosos homenajes. De vuelta en Francia volvió a escribir,  ahora sobre temas españoles, calificados de poca calidad, como El paraíso de las mujeres (1922), La reina Calafia (1923), El Papa del mar (1925), Una nación secuestrada, La tierra de todos, El militarismo mejicanoLos enemigos de la mujer. Blasco publicó gran parte de sus obras en la  Editorial Prometeo.


El escritor recién fallecido en su lecho. 

Finalmente, la víspera de su  61 cumpleaños, el 28 de enero de 1928, falleció en Menton Fontana Rosa, y no fue hasta el 29 de octubre de 1933, cuando sus restos mortales fueron trasladados a Valencia, a bordo del buque insignia de la Armada Española “Jaime I”, siendo recibidos en el Puerto por el pueblo valenciano,  el presidente de la Repúplica, Alcalá Zamora y todo el Gobierno, para ser inhumados en un nicho del cementerio de la ciudad,  en el que  se puede leer:

Quiero reposar en el más modesto cementerio valenciano, junto al Mare Nostrum, que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda con esta tierra de Valencia, que es el amor de todos mis recuerdos.
Lápida de la tumba del escritor en el cementerio general de Valencia.

De este modo, quedo vacío el sarcófago que Mariano Benlliure le talló a su querido amigo, y que después de exponerse durante años en el convento del Carmen, ahora ha sido trasladado  el museo de Bellas Artes San Pío V. Pero, la historia casi novelesca de las tumbas de Vicente Blasco Ibáñez es otro capitulo más en nuestra historia, que muy pronto conocerás... 

El féretro que hizo Benlliure durante su
 estancia en el convento del Carmen.




martes, 7 de marzo de 2017

Poblats Marítims, el territorio de los pescadores. (Distritos de Valencia #11)

Antiguas viviendas típicas de los pescadores, El Cabanyal 

Poblats Marítims (Poblados Maritimos en español) es el nombre por el que se conoce el distrito número 11 de Valencia. Limita al norte con el municipio de Alboraya, al este con el Mar Mediterraneo, al sur con los  Poblados del Sur y al oeste con Algirós, Camins al Grau Quatre Carreres.

Zona que abarca Poblados Marítimos

Está compuesto por los barrios: Grao, Cabañal, Cañamelar, Malvarrosa, Beteró y Nazaret.

Estos barrios en su origen eran pequeñas poblaciones de pescadores que en 1897 se unieron a Valencia, por la ley ya comentada en otras entradas. 

-         El Grao (El Grau), conocido como Villanueva del Grao (Vilanova del Grau). Es el barrio más conocido de todo el conjunto que forman los Poblados Marítimos, tal vez porque en él se sitúa el Puerto de Valencia. Sus habitantes tienen gentilicio propio: graueros.
Su nombre proviene de Grau, es castellano similar a “escalón”. Puede ser porque en origen el Grao era un pequeño muelle de madera que servía para el desembarco de viajeros y mercancías en el primitivo puerto en época islámica, ya que era una importante entrada de suministros a la ciudad.

1846 Vilanova del Grau de València .Xilografía. Biblioteca Serrano Morales.

Después de la conquista de Valencia, Jaime I concedió franquicias y privilegios a todos aquellos que quisieran asentarse junto al mar, redactando una Carta Pobla a la población de Vilanova Maris Valentiae ­– Villanueva del Mar de Valencia – El poblado sería fortificado y se comenzarían a construir pequeñas viviendas con el objetivo de controlar la entrada y salida de mercancías del puerto.


Las Reales Atarazanas de Valencia 
La cercanía del mar supuso que en se levantaran las Atarazanas lugar donde se construirían los barcos de pesca como los necesarios para la guerra o el comercio. En 1531 la “Fabrica de Murs e Valls” construyeron un baluarte para la protección militar contra los ataques piratas, conocido como el Baluarte del Grao

En 1609 el Grao de Valencia se hizo famosos por ser el lugar de embarque de los moriscos del Reino de Valencia, que eran expulsados hacia tierras africanas.

Embarque de los moriscos valencianos en El Grao de Valencia, de Pere Oromig

En 1826 fue reconocida su independencia municipal pasando a denominarse Villanueva del Grao, pero desgraciadamente 70 años después con el Real Decreto del 21 de octubre de 1866 vuelve a estar anexionada a Valencia, junto a los barrios del Cabañal y Cañameral. Durante la Guerra de la Independencia de 1808 el Grao fue conquistado por el general francés Suchet, el 14 de enero de 1812.

El Grao de Valencia solo ha tenido el territorio de la zona portuaria, la iglesia de Santa María del Mar y las Reales Atarazanas. La avenida del Puerto es el al camino que conectaba el centro de la ciudad al Grao y Puerto de Valencia. La actual avenida fue diseñada en 1788 por el arquitecto Vicente Gascó e inaugurada en 1802.


La avenida del Puerto o antiguo camino al Grao, al fondo la ciudad de Valencia (1811)

El 21 de marzo de 1852 el Marqués de Campo, del ferrocarril Valencia-Grao, lo que contribuyó al desarrollo económico y social del Grao.

En el ámbito histórico-artístico es destacable:
- El Puerto de Valencia.
Santa María del Mar 
- Edificio de la Audana.
- Edificio Veles y Vents.
- Edificio del Reloj.
- Los Tinglados.
- Atarazanas.
- Iglesia de Santa María del Mar.





El Cañamelar (Canyamelar) /  El Cabañal (El Cabanyal) 


Iglesia de Nuestra Señora del Cañamelar 

Su origen se remonta al siglo XIII siendo una zona poblada por pescadores que construían las habituales barracas. El territorio se dividía en tres zonas mediante las acequias islámicas las cuales recorrían la huerta hasta su desembocadura en el mar. 

El Cañamelar, Cabañal La Punta de Francia surgieron como consecuencia de la fundación de El Grao, junto a esta nueva vila se fueron instalando nuevos poblados marítimos dedicados al arte de la pesca. 
Lavanderas en la acequia de Gas

  El primer núcleo El Canyamelar se extendía entre la acequia del Riuet y la acequia de Gas que lo separaba del Cabañal. Además dicha acequia era un ramal secundario de la Acequia de Mestalla  y además hay constancia que su caudal se veía incrementado por unos acuíferos propios, obteniendo agua fresca y apta para el consumo humano. Estaba habitado por viviendas de pescadores y su centro urbano giraba en torno a la Iglesia de Nuestra Señoradel Rosario. Las primeras menciones al Canyamelar datan de 1759, este debe su nombre al cultivo de la caña de azúcar (canyamel) cuyo cultivo se había popularizado en la zona.  

Curiosamente esta iglesia tenía un pequeño faro
 para orientar a los pescadores volver a casa.

El segundo núcleo era El Cabañal, cuyo nombre proviene de las cabañas que levantaban los pescadores en la zona, las típicas barracas valencianas. Ocupaba el espacio  entre la acequia de Gas y la de los Ángeles que lo separaba del terce núcleo La Punta de Francia. El Cabañal estaba habitado por labradores y algun pescador y su centro urbano se encontraba alrededor de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles. 

La Punta de Francia se encontraba entre la acequia de los Ángeles y acequia de la Cadena (Avenida de Tarongers) que la separaba de la Malvarrosa. Este núcleo era habitado por pescadores, pero tenía la menor población siendo la menos favorecida de estas zonas.

En 1821 El Cabañal era un poblado independiente pero en 1837 decidió unirse con El Cañamelar, que junto a la desaparecida Punta de Francia formaron un municipio independiente llamado Poble Nou de la Mar (Pueblo Nuevo del Mar)

Pueblo Nuevo del Mar (1883)

Teniendo como alcalde primerizo a Francisco Cubells, capitán de la Milicia Nacional.
Sus límites lo formaban la acequia de la Cadena al norte separado de la Malvarrosa, al sur el barrio de El Grao, al este el Mar Mediterráneo y al oeste la ciudad de Valencia.
El 1 de julio de 1897 el municipio se integró con mayor o menor desgana en la ciudad de Valencia perdiendo por tanto su anterior independencia municipal. 

Los lugares de interés de la zona a destacar son:
  •         La Lonja de Pescadores
  •         Ateneo Marítimo
  •          Casa del Bous
  •          Mercado Municipal del Cabañal
  •          Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles del Cabañal.
  •         Balneario de las Arenas (actualmente un hotel)
  •         Cementerio Municipal del Cabañal.
  •         “El Casinet” sociedad musical unión de pescadores del Cabañal.
  •         Iglesia de Nuestra Señora del Rosario del Cañamelar.
  •         Teatro El Musical. 

   Malvarrosa
Playa de la Malvarrosa 

Desde la fundación de nuestra ciudad, la zona costera valenciana desde Sagunto hasta el Júcar era una zona pantanosa e insalubre, llena de marjales y zonas húmedas que imposibilitaban un desarrollo urbano adecuado. Essta situación cambio a finales del siglo XIX cuando Jean Feliz Robillard Closier llegó a Valencia en 1848 para ocupar la plaza de jardinero mayor del Jardín Botánico de Valencia. 

Ejemplar de Malvarrosa
Caldereros de la fábrica de Robillard

Entre 1856 y 1882 Robillard compró tierras en zona anexas al Cabañal con el objeto de plantar flores y plantas y dedicarse al estudio de las mismas. Una de esas plantas, la conocida como Malvarrosa – de la familia del geranio – se adaptaba muy bien a la zona húmeda y poco a poco consiguió secar amplios terrenos que permitió una mejora de las condiciones de vida de los cabañaleros.

Antiguo Frasco de
Agua Rosa,
El perfume de Robillard
Con el cultivo de ese tipo de planta Robillard abrió una fábrica de perfumes y esencias que llegó a ser muy conocida en valencia e incluso fuera de España, presentados en la Exposición de Londres en 1862 y de París en 1867 con grandioso éxito. Sus amplias plantaciones de Malvarrosa llegaron incluso a dar nombre a uno de los barrios del distrito de Poblados Marítimos.


Los límites del barrio son: por el norte el conocido como Camino de Vera (Alboraya) y al sur por la Avenida dels Tarongers (acequia dela Cadena). 

Su playa es conocida como La Malvarrosa pintada en varias ocasiones por el famoso pintor valenciano Joaquín Sorolla, donde inmortalizaría la vida y trabajo de los pescadores. 

Playa de Valencia, Joaquín Sorolla 


Cuanto a lugares de interés, se destaca la casa-museo “Chalet de Vicente Blasco Ibáñez” 





EN ESTE DISTRITO ENCONTRARAS:

El Grao
Cabañal-Cañamelar
Malvarrosa
Beteró