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lunes, 3 de enero de 2022

Fuente Cuadrada de la Rocalla (Fuentes de Valencia#18)

La fuente del parque de Benimámet. Fotografía: I. Balensiya.

POBLADOS DEL OESTE
Benimàmet

Callejero esta mañana nublada de enero emprendemos nuestro caminar, esta vez comenzamos por el Parque de Camales, concretamente en ese rumor de aguas que llegan a nuestros oídos.

Cubiertos por las ramas de los árboles avanzamos por el sendero de tierra, hasta el corazón del parque, una plaza de forma elíptica donde en su centro, latiendo en fresca agua, encontramos la fuente Cuadrada de Rocalla.

Panorámica de la plaza donde se ubica.
Fotografía: I. Balensiya.

Esta fuente de gran tamaño para no ser catalogada como monumental, es una fuente de ornamental de jardín, diseñada en 2008 por Camilo Grau Carretero.

Su estructura es simple, en su centro se alza una pequeña construcción de obra de bordes redondeados, y anillados. En las esquinas apenas unos pocos centímetros más alto, se alzan unos ángulos invertidos.

El tazón que recoge las aguas, es cuadrado también de recubierto de placas de piedra crema y borde de piedra gris.

En cuanto al sistema de surtidores, podemos ver que tiene uno central encima del cuerpo de obra, y cuatro protegidos con esos ángulos invertidos. Los surtidores van alternándose a agua a chorro o a modo pulverizada. Por otro lado, del cuerpo central, por los bordes redondeados y anillados cae, cual catarata el agua que rebosa del surtidor del centro.

Detalle del cuerpo principal de la fuente
Fotografía: I. Balensiya.

Finalmente, a los pies del tazón y rodeado toda la fuente cuadrada, una banda de piedra rocalla en modo decorativo rústico.




domingo, 13 de junio de 2021

POBLATS DEL OEST: de cavernícolas agrícolas a guerrilleros industriales. (Distritos de Valencia#18)


Vista nocturna de Beniferri, con el gran hotel Meliá Valencia.


Poblats de l´Oest - Poblados del Oeste en castellano -  Es el nombre que tiene el 19º distrito de la ciudad de Valencia. Se encuentra delimitado al norte con Burjassot, al este con Benicalap y al sur con Campanar y al oeste con Paterna. Formado por dos barrios, que al mismo tiempo son pedanías de Valencia: Benimàmet y Beniferri.

Los Poblados del Oeste depende actualmente del Ayuntamiento de Valencia, como distrito de la ciudad, pero hace muchos años atrás que eran poblaciones independientes. Cuentan con un alcalde de barrio en un ayuntamiento pedáneo en Benimàmet. 

Los primeros núcleos urbanos de estos lugares surgieron durante la dominación musulmana de Valencia, como claramente indica la raíz Beni - Hijos de - en dialecto árabe. Posteriormente con la reconquista cristiana fueron habitados por cristianos viejos los cuales, hasta el siglo XIX vivieron de la viña, las calabazas, alcachofas, naranjos y de la industria de los metales en forja que se encontraban en el camino principal de Beniferri, además del molino de Benimàmet. 

A mediados del siglo XX vinieron de la industria, siendo muchas las personas que vinieron de diferentes pueblos de Aragón para vivir en estas dos poblaciones y acceder a puesto de trabajo, haciendo aumentar la población inmigrante, la mayoría aragoneses. 

Actualmente en este distrito se puede encontrar el Palacio de Congresos, el Hospital de Arnau de Vilanova y el edifico más alto de la ciudad de Valencia: el hotel Meliá de Valencia. A parte del velódromo y la Feria de Muestras. 

EN ESTE DISTRITO ENCONTRARÁS 

Benimàmet

Benimàmet, su historia. (Parte 2) 23/12/20

- La Cruz de término de Benimámet (14/4/20)

-  Árboles extraordinarios de Benimàmet 

- La Acequia Real de Moncada.



Beniferri

- Beniferri, su historia.

- El molino de Bonany 

- Hospital Arnau de Vilanova.





jueves, 24 de diciembre de 2020

Benimàmet, su historia. II


Idílico chalet que podemos encontrar en Benimàmet.
Actual lugar de los Jubilados. Fotografía: I. Balensiya.  

POBLADOS DEL OESTE
Benimàmet

Afortunadamente la historia antigua de Benimàmet podemos conocerla gracias a la labor que hizo en 1784 fray Francisco de Santa Bárbara uno de los frailes del Monasterio de San Miguel de los Reyes y señor de Benimàmet. Este monje redactó un manuscrito a mano donde cuenta sobre todo lo vivido en el lugar incluyendo datos de población y contribuciones.

San Miguel de los Reyes - Valencia 

La Guerra de la Independencia (1808) también llegó a la población donde las huestes del general Reille tomaron Benimàmet haciendo estragos sobre las propiedades de los benimatenses, entre ellas y la más sacrílega fue convertir la iglesia de San Vicente Mártir en un establo para las monturas de los soldados. Poco duró esto pues la ayuda vino de manos de un fraile franciscano Juan Martí, párroco de Beniferri, quien el 20 de mayo de 1808 alzó el grito de independencia apoyado por Vicente Doménech El Palleter quien lo ayudo frente al movimiento patriótico valenciano para su lucha contra el francés invasor. Para lograr la liberación de Benimàmet y Beniferri.

"El grito del Palleter" 1884. Joaquin Sorolla
Óleo sobre lienzo 152x202 cm. Valencia.
 

Unos pocos años más tarde el 11 de octubre de 1835 debido a la Desamortización de Mendizábal, todos los monasterios y conventos debían ser abandonados y sus pertenecías y territorios fueron vendidos. San Miguel de los Reyes también tuvo que ser desagregado y los frailes abandonaron el lugar, dejando de ser señores feudales de Benimàmet.

Benimàmet entonces obtuvo su independencia como pueblo, pero duró poco pues el 9 de julio de 1882 y acogiéndose al Real Decreto del 21 de octubre de 1866, se tuvo que anexionar a la ciudad de Valencia, quedando así dependiente de la gran urbe, después de casi 50 años de autonomía.

Núcleo urbano de Benimámet en 1883. 

El Benimàmet del siglo XIX creció un poco más. El llamado Camino Viejo de Paterna y el de Burjassot se llenaron de casas y se construyeron las famosas cuevas por la gente más humilde que no podía permitirse la construcción de una casa, con sus propias manos excavaron el suelo creando habitáculos, unas graciosas cavidades todas limpias y blanqueadas con cal con sus chimeneas y respiradores que llamó la atención hasta a grandes pintores como fue Joaquín Sorolla que inmortalizó la vivienda y sus habitantes en su obra Familia Valenciana (1894)

La familia de Benimàmet que pintó Sorolla en 1894

No solo eran viviendas sino también hubo hasta comercios, tiendas de barrio dónde poder encontrar lo necesario para la vida sencilla de esos habitantes. Se encontraban – o se encuentra clausuradas algunas – en la zona de las Carolinas y el Parque de Camales.


Las cuevas de Benimàmet años 60.

En 1850 Benimàmet ya era independiente como municipio constaba de 248 casas, 235 vecinos, tres alquerías en la huerta, dos molinos uno regido por la acequia de Moncada (Bonany) y el otro por la de Tormos. Un pozo ubicado en la calle Pouet de Pedrereta y 15 cuevas en la zona del actual Parque de Camales.

En cuanto a los cultivos en sus huertas y campos crecían trigo, maíz, cáñamo, alubias, frutas y verduras y todos los campos estaban franqueados de moreras muy importantes para la producción sedera de Valencia.

 Si callejeamos por Benimàmet con tranquilidad podemos encontrar alguna de las casas con ganchos y poleas para guardar el cultivo en las cambras. Junto con filas de pequeños ventanucos para las cambras sederas.

Ejemplo de cambra sedera que podemos encontrar en la actualidad.
Fotografía: I. Balensiya 

El riego estaba asegurado por la acequia de Tormos y sus seis rolls: el Tragador, el Navarro, el Ambriosio, el de les Penyetes, el Sebastiano, el de Alquerieta.

Acequia de Moncada en el Molino del Canonge en Benimàmet.
Fotografía: I. Balensiya. 

En cambio, la acequia de Moncada pegada a la de Tormos, no regaba mucho hasta llegar a los rolls de Uncía y dels Frares para convertir en regadío las ya nombradas zonas de El Secanet y El Garroferal. Además de dar de beber a lo benimatenses.


Del Secanet, solo queda el nombre de la calle.
Fotografía: I. Balensiya

En la actual Feria Muestrario había un polvorín que custodiaba la pólvora de toda la provincia. En la zona estaban los cultivos de secano de algarrobos, olivos y viñas.

Pero todo esto duro solo 27 años desde el señorío de los frailes hasta la absorción por el ayuntamiento de Valencia en 1882.

Valencia había mantenido una relación muy integrada con el pueblo pues proporcionaba suministros que la huerta necesitaba, incluyendo abono, creado por los desperdicios los excrementos de las caballerías para enriquecer la huerta. Luego los productos de la huerta eran vendidos en los mercados de Valencia.

En la huerta ahora ya no solo vivían labradores sino también la burguesía en sus casas de retito salpicando la huerta como pequeños palacetes o villas de campo. Que contrastaban con el cada vez más empobrecimiento a los labradores de Benimàmet que dado a los pocos ingresos mandaban a las mujeres a la ciudad para que hagan venta directa y ambulante de vegetales y frutas por las calles.

A la burguesía le molesta la visión de esta gente y logran que se reglamenta la venta en el Mercado Central y se persigue a las vendedoras sin licencia.

Comienza en 1882 las huelgas de los vendedores de hortalizas que paralizan el mercado y afectan a toda la ciudad.

Surge el Real Decreto de anexión a la ciudad, junto a el proyecto de la “Gran Valencia” para urbanizar los poblados anexos a Valencia, beneficiando así a toda la burguesía que vivía en Benimàmet pues las rentas agrícolas se convertían en urbanas que eran más altas. Llegó también el alumbrado público en 1883 eliminando ese ambiente de inseguridad que provocaban las calles a oscuras.

En 1885 el cólera hizo estragos en la población, pero por obra milagrosa de San Francisco de Paula se terminó, al año siguiente se creó la fiesta de San Francisco de Paula, patrón de los agricultores benimatenses.

El 6 de junio de 1888 se inauguró el tramo de ferrocarril Valencia – Paterna. Ahora se podría tomar el tren en vez de desplazarse en tartana. Un año más tarde construiría la estación en la actual plaza de Luis Cano. La estación se encontraba “lejos” del núcleo urbano de Benimàmet cosa que fomentó otra expansión más de la población. Ahora la pedanía estaba formada por los ejes del Camino de Paterna, Calle de Burjassot, Felipe Valls y unas cuantas casas sueltas al norte de la vía.

El tren en el punto donde hace una curva separaba Benimàmet de su cementerio que estaba en las afueras del pueblo, muy cercano a la estación de tren, en la actual calle Pego.

Llegamos ya al año 1900, el nuevo siglo nos trae cambios en Benimàmet bastante importantes. Es tiempo de la asociaciones como fue la Hermandad de Labradores y la Sociedad de Colombicultores. Se inaugura el primer colegio publico en el edificio que hoy en día está el ayuntamiento pedáneo.

El edificio de la Sociedad de obreros agrícolas.
Fotografía: I. Balensiya

En 1908 se hizo la luz. Las calles de Benimàmet dejaron de estar a oscuras en la noche. Unos pocos años más tarde en 1914 se edifica las Escuelas del Ave María, originariamente como colegio para niñas pobres.

Desde los años 20 hasta 1940 es cuando Benimàmet se convierte en el lugar favorito de muchas familias para veranear y también residir. Se construyen la mayoría de los chalets de la zona de Felipe Valls, además de ser un lugar seguro de bombardeos duran la Guerra Civil de 1936.

Lo que no sería segura, fue la iglesia que quedó totalmente incendiada, afortunadamente se salvaron los libros eclesiásticos de registros.

Iglesia de Benimàmet
I. Balensiya.

En la Montañeta del Polvorín comenzaron a construir calles rectas y unos cuantos chalets. Estas residencias de verano fueron posible gracias al trenet.

Durante las siguientes décadas Benimàmet se convierte en un foco industrial importante y residencia de muchos obreros. La mayoría de ellos de procedencia humilde y había que darles una vivienda para ellos a medida de sus posibilidades económicas.


Es entonces cuando apareció un hombre, un sacerdote llamado Joaquín Sancho Albesa, que fue conocido como el Padre Botella, porque ideó una acción benéfica a través del reciclaje que llamó la atención en buena parte de España.

Este buen hombre era párroco de la Natividad, iglesia del barrio de Canterería, donde le avisaron a que acudiera a una casa porque había una niña que tenía graves quemaduras por jugar con un brasero, porque se quedó sola en casa porque su madre salió a trabajar. Se dio cuenta que la gente del barrio necesitaba una guardería infantil.

Un día en la misa de Navidad dio un sermón en el que comentó que muchos celebrarían las fiestas con bebidas y les pidió que les llevasen los cascos de vidrio vacíos para llevarlos el mismo a la planta de reciclaje y obtener beneficios para llevar a cabo acciones de caridad.

Todas las personas de buen grado empezaron a recolectar y a llevarle botellas vacías al sacerdote, quien las iba vendiendo a las bodegas para que las aprovecharan, una vez que las limpiaba y les eliminaba las etiquetas.

Fue invitado al programa Cabalgata Fin de Semana, donde el locutor le puso el sobrenombre de Padre Botella. Celebridades subastaban botellas piezas únicas. Hasta en el estadio del Real Madrid y del Atlético se dispusieron a recoger botellas con el lema: una botella por cada socio del equipo perdedor y dos por los del ganador.

El Padre Botella con sus botellas.

En cambio, el sacerdote siempre dijo: Cada botella, un ladrillo. Y con más de 15.000 botellas recogidas en la primera semana, alcanzó millones de botellas vacías. Cumpliendo así el objetivo de edificar la guardería infantil, junto a la construcción de más de un centenar de viviendas para los más necesitados de la barriada en la zona del actual Parque de Camales.

Fincas del Padre Botella en el parque de Camales.
Fotografía: I. Balensiya

Joaquín Sancho Albesa murió en 1992. Pero la historia de Benimàmet continua ese año el 9 de julio cuando se inaugura el escudo del pueblo, en los jardines de la Plaza de Luis Cano.

Tres años después se construiría el ambulatoria. En 1996 surgió una comisión para conseguir la separación de Valencia y pueda ser Benimámet pueblo independiente.

En 2007 se perdería el icónico edificio de la estación del tren por el soterramiento de las vías del metro, utilizando el trazado del antiguo tren. Obras que se alargaron hasta 2011.

Antigua estación de Benimàmet. Actualmente desaparecida.


Actual estación de MetroValencia en Benimàmet
Fotografía: I. Balensiya


A partir de entonces comenzaría Benimàmet una lucha por su soñado Parque Lineal ya que las obras tuvieron diversas complicaciones y parones. Finalmente, el 12 de marzo de 2018 se inauguró con un 1.2 km de paseo, 850 metros de carril ciclista, prácticamente 8.000 plantas y alrededor de 12.000 m2 de césped y pradera mediterránea. Siendo la joya del parque un eucalipto de grandes dimensiones, considerado como el más grande de la ciudad de Valencia.

Parque lineal
Fotografía I. Balensiya

Pero la fecha para marcarla en la historia fue este 2020. Cuando Benimàmet ha sido declarada Entidad Local Menor.


viernes, 21 de agosto de 2020

Benimàmet, su historia. I



Benimàmet. Fotografía Isabel Balensiya

POBLADOS DEL OESTE
Benimàmet


Benimàmet forma parte de la ciudad de Valencia desde el año 1882, por el Real Decreto del 21 de octubre de 1866, que ordenaba que se suprimieran todos los municipios con una población inferior a los 1.000 habitantes, formando así junto al municipio de Beniferri, el cual sufrió la misma suerte, el denominado distrito de Poblats de l´Oest (Poblados del Oeste).

En el plano lo encontramos ubicado al norte con el Camino viejo de Líria – act. Pista de Ademúz – y fusionado con Burjassot. Al oeste contiene su crecimiento el barranco d´Endolça y el este y el sur es un límite confuso entre Beniferri y Campanar.

Benimàmet se fundo al pie de unas colinas calcáreas y bordeando la tierra de aluvión, encontrándose entre el limite de las huertas de secano y regadío. Ese limite lo marcaba la acequia de Moncada. Para no desperdiciar las tierras de regadío, el pueblo se construyó en la parte más alta, donde no llega el agua de Moncada. Esta es la razón de esas calles en cuestas que podemos recorrer hoy en día.

Con el tiempo, a base de un pozo y nuevos ramales de la acequia de Moncada – Uncía y de los Frares -  se crearon nuevos regadíos en tierras de secano en las zonas conocidas como `El Secanet´ y `El Garroferal´.

Actualmente el Secanet es una calle llena de edificios.
Fotografía: Isabel Balensiya

En pueblo, en época islámica, se fue extendiendo a lo largo de esta acequia, convirtiendo su término en una rica huerta.


El nombre de la localidad también es de origen islámico. Etimológicamente deriva de “Bani Mahbit” que vendría a significar la familia de Mahbit, que era la dueña de la alquería que dio origen al asentamiento y futuro pueblo. Si consultamos los archivos, la primera vez que aparece escrito el nombre Benimàmet en un documento oficial lo podemos leer en el Llibre del Repartiment, concretamente en el asiento 666, folio 41.

Fragmento del Llibre del Repartiment donde aparece por primera vez el nombre,
subrayado en lima. 

« Entrega el 21 de agosto de 1238 a Sancius de Stada de casas y heredad, pertenecientes hasta entonces al Habrahim Alfachar de Benimahamet»


Un siglo más tarde, en 1310 ya se cita el pueblo en documentos con el nombre actual de Benimàmet.

Al llegar a la época medieval cristiana es cuando la historia del municipio se pone interesante, pues fueron muchos los señores y dueños de esta villa.

 En 1238, Jaime I el Conquistador lo dona a Sanç d´Estrada, primer señor cristiano de Benimàmet y todo su término.

Emblema de la familia Cavallerías.
Cuarenta años más tarde lo compra Gil Martínez de Entenza. Sus descendientes venderán la población, en 1361 por 80.000 reales valencianos, al llamado Magnifico Berenger de Codinats, el Mestre Racional de Valencia.

En 1453, Benimàmet y su término es vendido a Felipe de Cavallería, de la familia Cavallerías, quien hizo construir el castillo de Benimàmet.

Dicho castillo estaba ubicado entre la iglesia de San Vicente y el Camino viejo de Paterna y fue derruido en 1945.Cuando perdió su categoría como casa señorial, se convirtió en convento, luego en un colegio y por último en un cuartel de la Guardia Civil. Su ultimo propietario fue Enrique Blat Donderis “el potrero”. Su puerta principal miraba hacía Paterna, tenía un pozo y un árbol monumental, con un portal de arco redondo, con grandes dovelas y piedra, claustro de dos pisos y fábrica de ladrillo, patio empedrado y escalera de piedra.

De las últimas fotografía que se conservan del castillo.

En 1536, Benimàmet tendría su propia iglesia, ya que hasta entonces dependía eclesiásticamente de Burjassot. Mientras solo habían tenido una pequeña ermita con un sencillo altar dedicado a San Vicente Mártir que, en 1350, había mandado construir el señor de la villa.

Alrededores de la iglesia de San Vicente Mártir al atardecer.
Fotografía: Isabel Balensiya.

La actual iglesia de San Vicente Mártir
Fotografía: Isabel Balensiya
Los benimatenses se hicieron devotos de este diacono mártir, que lo tienen como el santo patrón del pueblo, después de haber remitido actas a Roma para conseguir el patronazgo  sobre la localidad, acompañándolas de testimonios de milagros y hechos prodigiosos para confirmar la presencia de ese santo en la zona y su gran estima.

Estima que le tenía San Vicente Ferrer, el fraile dominico que tanto pasó por Benimàmet camino a Paterna para evangelizar a los restos de población islámica. El santo valenciano venia a pie desde Valencia hasta Paterna por el actual Camino viejo de Paterna, que pasaba cerca de la ermita dónde se alza ese pequeño altar a su santo tocayo que tanta devoción le tenía. Lugar que aprovechaba para descansar, rezar y predicar a los habitantes de Benimàmet.

El diácono San Vicente Mártir aún perdura su recuerdo, no solo en la iglesia sino también, en el propio emblema del pueblo formado por el aspa donde le crucificaron y la rueda de molino a la cual ataron su cadáver y tiraron al río Turia, allá por el año 304 de nuestra era, durante la persecución cristiana en tierras hispanas.

Emblema de la pedanía.
Fotografía: Isabel Balensiya.

Regresando de nuevo a los señores de la villa. Sobre la ermita se construyó la actual iglesia, luego la familia Cavallerías vendió Benimàmet a Baltasar Ince de San Juan, quien por desgracia tenía un hijo con muchas deudas y puso el señorío de Benimàmet como garantía, finalmente lo perdió cayendo en manos del acreedor Miguel Juan de Talladas, quien para deshacerse de la villa se la vendió a los frailes jerónimos del Monasterio de San Miguel de los Reyes, quienes serían sus señores feudales desde el siglo XVI, hasta la Desamortización de Mendizábal en 1836.


En rojo las edificaciones que abarca el Benimàmet del siglo XIX




martes, 14 de abril de 2020

Cruz de Benimàmet (Cruces de término#6)

AVISO: La redacción de estos artículos se realizaron durante la epidemia del COVID-19. Están tipo "novelados" imitando un antiguo cuaderno de un viajero del tiempo. Para entretenimiento de un grupo de amigos de Puçol y dedicados a ellos.


Año de Nuestro Señor 2020, cuarto día del mes de abril. 

La jarra de cerveza se había convertido en dos y ésta a su vez en un plato de carne y unas verduras. Finalmente, la noche había caído sobre mi en Godella. Un hombre de la taberna donde había pasado la tarde me dijo que lo acompañara a su casa, pues apenas podía caminar. Me permitió pasar la noche en su hogar. Dormí en el salón de su vivienda, en un estrecho y raro catre que, según dijo, que se llamaba sofá. 

Esta mañana, después de que me invitara a tomar una taza de ese aromático brebaje llamado café, he salido de su residencia camino a mi siguiente objetivo: la cruz de término de Benimàmet. 

Observo el mapa que llevo conmigo, la distancia que separan las dos villas, el trecho a recorrer es largo. Aunque no llueve, hay humedad en el ambiente como para seguir caminando. Supongo que no tengo de otra. Al guardar el documento, me cae al suelo el dibujo del día anterior con la estampa de colores. ¡Claro, el gusano de metal!

Deshago el camino que hice la mañana anterior y logro hallar de nuevo la casa del embarcadero del bicho. Entro en ella y busco esa extraña fuente de las estampas.

A su lado están los tapices de las rutas. Frunzo la nariz e inclino la cabeza hacía la izquierda, luego hacía la derecha. Tuerzo el morro bajo el cubrebocas...

Encuentro la ruta amarilla de Godella, busco Benimàmet, por suerte existe en ese galimatías, pero tiene una ruta de color magenta. Pero no encuentro el lugar donde se unen. Solo una forma extraña con puntos. ¿Qué significará eso? Abajo, a la izquierda del tapiz, hay una serie de inscripciones; una de ellas se parece a la que cubren las líneas: « Estación de transbordo» ¡Abordar! ¿Como los piratas? 

Oigo una voz masculina a mis espaldas. Me giro sobre mí y encuentro a un joven delgado vestido con una camisa blanca. Me pregunta si necesito ayuda. ¡Gracias a Dios!

Le digo que no sé cómo llegar hasta la villa de Benimàmet. Me dice que es fácil, solo tengo que subir al primer tren que llegue por la vía con dirección a Villanueva de Castellón.

De acuerdo, eso ya lo había supuesto. Pero me dice que preste bien atención, señalando el tapiz me indica que tengo que bajar en la estación de Empalme. ¡Ah, los embarcaderos del gusano, se llaman estación! Y allí debo coger otro tren con dirección a Paterna, que es la ruta magenta. Entonces me explica que esas formas extrañas sobre las líneas de las rutas indican que son embarcaderos que permiten, sin salir del lugar, subir de uno a otro gusano o como él llama tren.

También me advierte que tengo que comprar una estampa de zona A, pues es otra zona distinta a la que me encuentro y los guardias del gusano de metal pueden multarme si ven que no llevo la estampa correcta. Le digo que ayer compre una de AB. Que ahora compro la de A.

Niega con la cabeza. Dice que no hace falta, que le deje la estampa de ayer, y la mete por una ranura de la fuente de estampas. Toca el cristal brillante con letras y salen las mismas inscripciones de ayer. Presto atención cómo selecciona la zona y me indica que deposite el dinero en la alcancía.

Rebusco en la faldriquera que cuelga de mi cintura y extraigo las monedas, en esta ocasión dos monedas con un 1 grabado, una lleva la cara de un señor, la otra un instrumento musical. Las introduzco por el agujero y oigo un sonido metálico. El joven me indica que recoja las vueltas. Meto los dedos en el cuenco y recojo una moneda de 50 brillante como el oro. Tendré para un café de fuente, me animo al pensarlo.

La fuente de las estampas del gusano resuena como ayer y el chico me dice que ya tengo el billete. Que no lo tire pues así con el mismo puede servir para varios viajes. Porque se puede «recargar» y ahorro algo de dinero. 

Me alegro, hice bien en no deshacerme de él ayer. Le doy las gracias y salgo al muelle a esperar a que llegue la bestia de metal.

El llamado tren no tarda mucho en llegar, entro en sus entrañas y tomo asiento. Miro a la derecha dos personas, con guantes y cubrebocas. Miro a la izquierda no hay nadie. ¿Será el miedo de la epidemia y la gente sale poco de casa? ¿O es que temen viajar dentro de esa bestia?

Han pasado ya un par de embarcaderos o estaciones, como las había llamado el chico, cuando el gusano metálico se detiene en la llamada de Empalme. Salgo de las entrañas de la bestia y me quedo en el embarcadero. Recuerdo las palabras del muchacho y busco en los rótulos de metal, que cuelgan de una techumbre, el color magenta de la ruta de Paterna. No tengo que cruzar al embarcadero de enfrente. Me sirve la misma donde he descendido.

Un rayo de sol débil se cuela entre las nubes de algodón sucio, levanto la mirada, el céfiro parece que pronto se deshará de ellas para traer un límpido azul brillante.

Camino por el embarcadero y veo, no muy lejos de allí, un hermoso pero pequeño palacio medio derruido y abandonado. Me quedo observándolo detenidamente, tengo curiosidad por saber quién vivió en aquel lugar. Se encuentra rodeado de altos edificios feos como arcas cuadradas llenas de vidrios. ¿Por qué la gente prefiere vivir en esas construcciones insulsas?

Noto que se levanta de repente una brisa fuerte, giro sobre mí y veo aproximarse una luz brillante. El gusano de metal está llegando. Ahora, con tranquilidad, me dirijo a él, ya no le temo, pero me da respeto. Sobre su frente tiene un rótulo dónde leo el nombre de la villa de Paterna. ¿Acaso será que diversas villas tienen sus propios gusanos de metal?

Se detiene ante mí el llamado tren y me introduzco en su interior. Dentro también hay pequeños tapices adheridos en las paredes, donde aparecen pintadas las rutas. Encuentro mi ruta magenta: Beniferri, Canterería y finalmente Benimàmet.

Tomo asiento y observo por el vidrio. Sólo falta una estación más cuando de repente todo se hace oscuro. ¡el gusano se ha adentrado bajo tierra! El terror inunda mis sentidos. ¿Qué ha pasado?

Unos segundos después la bestia se detiene y se abren sus entrañas para mostrarme que me encuentro en una caverna. Salgo al exterior. Es un embarcadero, en las negras extrañas paredes leo rótulos con el nombre de la villa de Benimàmet. Ya he llegado. ¿Pero por qué está bajo tierra?

Veo a una chica que camina apresuradamente, es joven, lleva una gran bolsa colgando en un hombro. Se aproxima a unas escaleras, la sigo y en cuanto pongo los pies en los peldaños estos empiezan a moverse. Las escaleras se mueven por obra de brujería y me están elevando hacia una techumbre de vidrios que ahora son verdes, ahora son rosas, y en momento se ven azules y rojos.

Encuentro una barrera como unas almenas de metal separadas por unos cristales, la joven saca su estampa de un bolsillo de su bolsa y con ella toca un círculo sobre una de esas almenas que hacen desaparecer las barreras de cristal, permitiéndole el paso.

Hago lo mismo y salgo a un pasillo ancho cubierto de esos cristales que cambian de color a cada paso que doy. Sin duda alguna obra de algún artesano de vidrieras catedralicias.

Encuentro una anchísima calle en cuyo centro hay un jardín. A mi izquierda hay edificios en forma de arcas de varios colores, pero no tan altos como los que visto antes. A la derecha una pequeña casa con un torreón, rodeado con una verja y un enorme pino.

Cerca encuentro un banco donde me siento y saco el plano para orientarme en busca de la cruz, ni idea de dónde puede estar.

Ante mí pasa un anciano con un bastón, en la otra mano lleva un cordón en cuyo extremo está atado al cuello de un cachorro de perro.

Le hago detenerse y le pregunto dónde queda la cruz de término del pueblo. Le extraña que ande buscando una cruz, estando en días aciagos de epidemias. Le digo que es una promesa que hice. Se encoge de hombros y me señala la calle que tengo delante de mí: Felipe Valls, todo recto hasta que encuentre el mercado municipal. Una vez allí, a la derecha, la calle carniceros hasta el final: se abre una plaza donde encontraré el crucifijo.

Masculla algo que apenas entiendo entre dientes, y algo de una corona. Me dirijo hacía esa calle. Es muy larga. Me acomodo el saco sobre mi hombro y echo a caminar.

Finalmente llego a la plaza, en su centro se encuentra la cruz. Está rodeada por unos pequeños postes de hierro y cadenas.


Ilustración Isabel Balensiya

Me siento en el suelo, cruzo las piernas y sobre el muslo derecho apoyo el pliego de papel mientras trazo el dibujo, junto a él, escribo lo siguiente:

Se levanta sobre un alto zócalo de piedra y, sobre él, una columna de fuste poligonal que remata un capitel tronco piramidal con decoración vegetal que parece un cimacio musulmán; sobre él, con orgullo, se alza la cruz sin decoración que abre sus brazos trilobulados, muy simple, pero a vez elegante.

Extiendo el mapa de mi ruta sobre mis piernas y veo que la siguiente se encuentra en un lugar llamado Cortes Valencianas, en el territorio de la pedanía de Beniferri. Es solamente un corto paseo desde Benimàmet, pues las poblaciones se encuentran bajo la administración territorial de Poblados del Oeste. 

Alzo la mirada al cielo y sol, aunque débil me acaricia el rostro medio oculto por el cubrebocas, poco a poco nuestra misión se va cumpliendo.



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COMENTARIOS DE LOS AMIGOS DEL GRUPO CLUB DE HISTORIA DE PUÇOL
4 de abril 2020. Capitulo: Benimàmet.

Enriqueta: Isabel,Gracias de nuevo por tu aportación de hoy del misterioso peregrino.Muy amena,como siempre.Los sábados también se desplaza?

Manoli: Isabel gracias!!

Pilar Alberti: Muchas Gracias Isabel.


sábado, 11 de enero de 2020

Arquitecto Antoni Gilabert Fornés (Valencianos ilustres#5 )


Calle dedicada a su memoria, desde 1963.
Fotografía I.Balensiya.

POBLATS DEL OEST
Benimàmet. 


Antoni Gilabert Fornés fue un arquitecto  nacido en la ciudad de Pedreguer (Alicante) en 1716 y que falleció en Valencia en 1792. 

Marchó a la ciudad de Valencia a estudiar arquitectura y matemáticas, junto con Tomás Vicente Tosca. Sus primeros trabajos en el mundo de la construcción fueron como aparejador, hasta 1768 cuando  fue el encargado del departamento de arquitectura de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, llegando a ser director general en 1784. 

Se convirtió en uno de los arquitectos más famosos de la inspiración clasicista del siglo XVIII (estilo conocido como Neoclasicismo). Aunque también trató el barroco en alguna de sus construcciones. 

Entre sus trabajos se encuentran algunas de las obras más importantes del neoclásico valenciano, destacando:

El proyecto de la fachada de la Aduana de Valencia, actual Palacio de Justicia. (1785 y 1760) 

El actual Palacio de la Justicia.
Fotografía: I. Balensiya
La remodelación de la Capilla de San Vicente, en el Convento de Santo Domingo. También la celda de San Luis Bertrán, en el mismo convento.
El retablo del Monasterio de la Zaidía en Valencia, actualmente desaparecido. 

Única foto del retablo del Monasterio de la Zaidia,
antes que fuera derribado. 
Trabajó entre los años 1763 y 1771 en la iglesia de las Escuelas Pías. 

Fachada de las Escuelas Pías de Valencia.
Hizo los proyectos de las iglesias de l´Alcúdia, Turís y Gestalgar. Junto al de la Capilla de Nuestra Señora de la Virgen de la Soledad de Nules, entre los años 1757 a 1769.

Detalle de la capilla de la Virgen de Nules.
Su última obra fue la iglesia de Santa Ana de Borbotó, cuyo proyecto firmó en 1789.

La iglesia de Borbotó
Pero sobretodo, al arquitecto Gilabert se le conoció por su gran obra de remodelación en la Catedral de Valencia, cuando decidió enyesar toda la plementeria gótica de los techos del templo, para remozarla de un aspecto neoclásico. Porque según el criterio de la época, el gótico era un gusto bárbaro. 

Así que durante el último tercio del siglo XVIII procedió a recubrir no solo las bóvedas, sino también columnas con pilastras y arcos ojivales típicos del gótico, los hizo de medio punto. Finalmente, derribó las capillas laterales góticas y construyó otras nuevas al  gusto academicista. 

"Afortunadamente" gracias a los ataques sufridos en la Guerra Civil en 1936, cuando se repararon los daños causados en la Catedral, decidieron retirar todos los estucos de Gilabert y devolverle el aspecto original de la época medieval hasta cierto punto, pues aún quedan restos de aquellos años neoclásicos. 


Restos de la decoración neoclásicos en el interior de la Catedral
Un ejemplo de las capillas neoclásicas